Carlota Barrera, la diseñadora española que triunfa en Londres

Carlota Barrera (Gijón 1992) es una diseñadora española que pertenece a esa nueva hornada de talentos que ha cambiado las reglas de la moda. Para empezar, es una mujer que se dedica a la moda masculina, lo cual es bastante excepcional. Podría ser otra chica-que-diseña-para-chicas, pero no. Tampoco tiene mucho que ver con lo que se conoce tradicionalmente como moda para hombre. Ella bebe de la sastrería clásica, pero la transforma en algo nuevo, que encaja a la perfección con eso que hemos decidido llamar la nueva masculinidad.

Camina grácilmente en el terreno del género neutro, lo queer, lo nuevo y lo antiguo. No le hace falta subirse al carro del greenwashing, porque la sostenibilidad (la de verdad) está grabada en su ADN. Crea prendas para que duren en el tiempo. Sus piezas son muy reconocibles porque se trata de básicos de calidad, duraderos y confeccionados de manera local, con toques creativos que marcan la diferencia. Nada de producciones en masa, sino a pequeña escala y poniendo mucho mimo en cada una de las piezas. Esas son algunas de las claves de su éxito.

Se marchó de su Asturias natal a Madrid para estudiar diseño de moda en el Instituto Europeo de Diseño, con especialidad en Alta Costura y sastrería. Al terminar, hizo prácticas en los talleres de Pedro del Hierro y Carmen March. Fue entonces cuando decidió irse a Londres para estudiar en la prestigiosa Central Saint Martins y el London College of Fashion, donde hizo un máster en moda masculina. Su colección de fin de máster, el germen de su marca fundada en 2018, se llamaba The Matador & The Fisherman. En ella mezclaba las técnicas propias de los trajes de luces con siluetas diferentes, con las figuras del torero y del pescador como ejes vertebradores. ¿Boleros con bordados de flores para hombre? Por supuesto. Algunos vieron homoerotismo en aquello; otros, el reconocimiento de la parte femenina que hay en todo hombre. La colección, presentada en la Mercedes-Benz Fashion Week de Madrid, sentó las bases para su marca.

Hoy, Carlota sigue establecida en Londres. Vive uno de los momentos más dulces de su carrera, después de haber presentado la colección To the core en la London Fashion Week el pasado febrero y de haber estrenado un fashion film que condensa todo su ADN y con el que ha presentado su colección de otoño-invierno 2021-2022.

Han pasado tres años desde que fundaste Carlota Barrera. ¡Pero qué tres años!

Sí, parece poco pero es como haber hecho cinco carreras y tres másters. He aprendido un montón de cosas, sobre todo de empresa. Empecé yo sola, pero ahora somos un equipo de cinco personas fijas, más los colaboradores freelance, y es un orgullo ver cómo vamos dando pasos.

¿Cuáles han sido los mayores obstáculos con los que te has encontrado a lo largo de este tiempo?

El mayor ha sido el aspecto business, el llevar la empresa. En mi formación en diseño en tres escuelas he aprendido un montón de cosas, pero nunca me han impartido clases de dirección de empresa. Lo más duro ha sido eso. Hay días o incluso semanas en las que no diseño en absoluto. Me he dado cuenta de que esto no es sólo la parte bonita (diseñar), sino que hay mucho detrás que no se ve. Eso forma parte del día a día, como lo forman también esos pequeños éxitos, que no son premios: terminar una colección o tener un nuevo retailer, por ejemplo.

¿En qué punto crees que puede dejar de considerarse a alguien como un nuevo talento? ¿Te molesta de alguna manera esa etiqueta?

No me molesta para nada que se hable de la marca como emergente, porque al final eso es lo que somos. Lo que nos mantiene activos es aprender, algo que hacemos cada día. En el equipo nos vemos evolucionar muchísimo cada día, y poco a poco vamos creciendo.

Eres española, pero estableciste tu marca en Londres. Tu primera colección, además, respiraba un aire muy asociado a este país, con esos trajes de luces. ¿Dirías que tu marca es española, inglesa o un poco ambas?

El objetivo de mi primera colección, que era el trabajo de fin de máster, era trabajar España, plasmar toda mi herencia y lo que me enorgullecía del país fuera de él. Mi primera presentación fue allí. Me siento muy arraigada a los dos lugares, y espero que pueda seguir así. Pero con toda la digitalización y la internacionalización que existe, sobre todo a raíz de la pandemia, creo que todo es más global. Sí que hay una inspiración española, y yo lo soy, pero es más global que otra cosa.

Una de las preguntas más habituales que os hacen a los diseñadores es qué os inspira. En tu caso, ¿cuál es la respuesta?

Me obsesionan la fotografía y el cine. Las semanas en las que estoy volcada en la gestión no puedo investigar, y a veces me frustro por ello. Pero lo que más me inspira a la hora de diseñar las prendas es cómo hacen sentir a la gente. El mejor feedback que tenemos es el de la gente que se pone nuestras prendas y nos dice que se siente genial en ellas. Siempre diseñamos para el confort. Además, cuando alguien está cómodo se ve; se le olvida lo que lleva puesto. Ese es el objetivo de lo que hacemos.

La sastrería está muy presente en tu trabajo, pero parece que se va perdiendo con el paso del tiempo…

La sastrería siempre me ha fascinado, como oficio y como arte. Me parece algo increíble. Ver a un sastre trabajar es como ver a un pintor pintar. Me parecía interesante trabajarla desde mi punto de vista, porque al final en hombre siempre se ha hecho de hombre a hombre. Quería aplicarle esa mirada femenina que tengo intrínseca y hacerla más fácil, más llevable. Para mí es importante trabajar con materiales nobles, es decir, que son más duraderos: algodón, lana, lino… tejidos que funcionan bien, que son cómodos y respetuosos con el medio ambiente. Al menos en gran medida, porque nadie es 100% sostenible. Trabajar con materiales reciclados es fantástico, pero qué mejor que trabajar con buenos materiales que perduren en el tiempo. Producir menos unidades pero producir mejor. Consumir menos pero mejor. Esa es nuestra visión.

También le dais una nueva vida a prendas que ya están hechas.

Sí. Compramos y conseguimos prendas de segunda mano, las deshacemos por completo, tratamos el cuero y creamos prendas completamente nuevas. El cuero es duradero pero no creamos prendas de ese material. Este es un modo de trabajar con algo duradero sin contribuir a esa industria.

Para eso hace falta tener una buena tecnología, ¿no?

En realidad no. Es lo menos tecnológico que hacemos. Es todo manual. Por eso es un proceso tan costoso y por eso esas son las prendas de mayor valor en nuestra web. Se hacen por pedido. El tratado del cuero es manual, se deshacen las costuras a mano… para deshacer una prenda y volver a aplicar nuevos patrones sobre piezas que ya están cortadas, cualquier patronista te mandaría a peinarte, porque es un proceso muy complicado. Se trata de llevar la parte artesanal de la sastrería a otras prendas, que no tienen por qué ser sastreras.

Una de las características de tus colecciones es lo genderless. Aplicas formas tradicionalmente femeninas a la moda masculina. ¿Cómo nace en ti esta forma de ver la moda?

Todos sabemos que no soy la primera en hacer esto, ni seré la última. Ojalá no. Nunca me lo he propuesto como algo a tratar. Simplemente, en mi investigación y en mi forma de trabajar he incluido prendas que yo me he puesto o que en visto en mujeres y hombres y las he aplicado a una colección. No ha sido algo intencionado.

Con To the core has presentado por primera vez en la London Fashion Week. Y, también por primera vez, ha habido modelos mujeres en tu pasarela. ¿Cómo ha sido?

La verdad es que teníamos muchas ganas de hacerlo. Yo me pongo muchas veces nuestras prendas, u otras de hombre que compro por ahí o que le robo a mi padre. Pero ha sido muy interesante trabajar mujer desde marca. Lo habíamos visto en editoriales o eventos, y había visto lo fenomenal que le quedaban a las mujeres nuestras prendas. Ha sido muy interesante ver cómo la misma prenda, que en hombre quedaba muy femenina y delicada, de repente en mujer resultaba súper sexy. Ha sido un contraste con una misma prenda, sin ningún cambio de patronaje ni nada. No hemos diseñado especialmente para mujer, sino que hemos visto que las prendas, tal cual estaban, las podían llevar ellas también.

¿Qué ha supuesto presentar por primera vez en Londres?

Un paso fantástico. Por una parte ha sido una pena, porque hemos tenido que vivirlo en casa. Pero es un logro para todos nosotros como equipo y para mí de manera personal; yo estaba obsesionada con Londres desde que tengo uso de razón. Siempre había querido tener una marca en Londres y vivir aquí. Ni me lo decía en voz alta, porque me parecía un sueño imposible. [Ríe] Para mí, esto ha significado mucho. Llevamos muchos meses preparándolo, aunque ha sido una pena no poder celebrarlo en persona. Al final hemos visto todos el film con nuestro café por la mañana y nos hemos hablado por Whatsapp.

Después de tres años, ¿en qué punto está la marca Carlota Barrera?

Yo tengo la costumbre de mirra hacia delante, y ver todo lo que me queda por aprender. Me parece maravilloso tener por delante un camino tan largo. De vez en cuando miro atrás y reflexiono, y pienso en lo mucho que he aprendido en estos tres años. A veces caigo en algún e-mail antiguo, y caigo en mi yo de hace tres años, y me digo: “¡Madre mía! No sabía nada. No tenía ni idea de la vida”. Estamos en un punto medio, como todo el mundo: entre todo lo que ya ha aprendido y todo lo que le queda por evolucionar.

La pandemia ha trastocado todo el sector, desde los desfiles hasta la producción. ¿Cómo te ha afectado a ti?

En esta presentación de otoño-invierno 2021-2022 hemos vuelto a las raíces de nuestra marca. Hemos revisitado nuestra colección troncal. Creía que tenía mucho más sentido, en lugar de crear una colección completamente nueva, utilizar este tiempo para revisitar nuestra core collection, nuestras bases, nuestras siluetas, lo que somos. Desde el principio hemos hecho prendas que hemos presentado en varias temporadas, y en esta colección hemos hecho el ejercicio de recogerlas todas y de presentarlas de manera nueva. Más que nada, para comunicar que no hace falta crear una colección completamente nueva para ser creativo y para demostrar que hay una visión detrás.

La sastrería es precisamente eso: una apuesta por lo duradero.

Sí. Un detalle que me encanta de la sastrería que hemos aplicado a nuestros pantalones y nuestras piezas es una extensión que te permite ir al sastre cada vez que tu cuerpo cambie, para ajustarlo según tu figura a lo largo de los años. Es un detalle pequeñito, pero que significa muchísimo.

¿Qué os habéis propuesto aportar al mundo de la moda?

Queremos ser partícipes de un cambio. En el concepto del lujo, por ejemplo, que no tiene por qué tener que ver con un logo enorme que se vea desde el otro lado de la calle. Para mí, el lujo es tener en mi casa una manta de lana buenísima de Loro Piana que no vea nadie. La marca intenta entrar en es etipo de lujo, el que experimenta el que lo lleva y no para impresionar a los otros. Ese es uno de nuestros valores principales.

También jugáis mucho con la ambigüedad de géneros.

Sí, queremos ayudar a derribar esos roles tan estrictos que han estado vigentes hasta ahora y que, aunque llevan eliminándose algunos años, ahora la generación Z viene súper fuerte y me parece maravilloso.

Para terminar, toca mojarse. Los diseñadores emergentes venís con una mirada más fresca. ¿Qué crees que le falta y qué le sobra a la moda española?

Creo que lo que se podría mejorar es hacer prendas que la gente quiera llevar y que pueda ponerse. Prendas para vivir, no sólo para un desfile. Eso pasa en Londres también, que hay muchos desfiles muy creativos, pero luego… Para mí, es algo que va ligado a la sostenibilidad, porque creo que no hay nada menos sostenible que algo que nadie se quiera poner. ¡Qué atrevida yo! Acabando de llegar y diciendo esto… [Ríe] También creo que se podría propiciar un ambiente más colaborativo, escuchar otros puntos de vista… en Londres ocurre eso y es muy divertido. De la colaboración salen cosas muy interesantes.




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