Por qué la gran historia de amor Marina Abramovic, premio Princesa de Asturias de las Artes, emocionó al mundo con un vídeo viral inolvidable (advertencia: vas a llorar)

La llaman, pese a su inmensa coquetería, “la abuela de la performance”, aunque le va mucho más el papel de “gran dama”, dado el empaque de sus apariciones en las grandes citas del lujo, tanto de la moda como del arte. Marina Abramovic (Belgrado, 1946), flamante premio Princesa de Asturias de las Artes, es sinónimo de performance, pues ella es acaso la única ‘performancer’ que suena más allá de los circuitos del arte contemporáneo.

Es cierto: sus piezas más relevantes se quedaron en el siglo XX. Sin embargo, uno de los momentos más increíbles de su carrera sucedió en 2010 con la performance ‘El artista está presente’. Durante tres meses, Marina Abramovic permaneció sentada inmóvil en una silla en el MoMA de Nueva York, mientras miraba a los ojos de los visitantes que se sentaban enfrente para experimentar esta particular conversación silenciosa. Fueron más de 700 horas de sentada. Y sucedió lo inolvidable.

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Durante la larguísima performance, los visitantes del museo se iban sucediendo ante Marina Abramovic para sentir la intensidad de la mirada de la artista. De repente, alguien se sentó y la mirada de Abramovic cambió. Era Ulay (Uwe Laysiepen), el fotógrafo alemán al que se unió en 1975 y con el que formó pareja en el amor y en el arte durante 12 años. Juntos crearon las performances más memorables de la carrera de ambos: vivían por y para el arte una vida nómada, viajando con su Citroen destartalado de una ciudad a la siguiente.

Se separaron en 1988 cuando ya habían comenzado a surgir ciertas disparidades de criterio: él era un anarquista y a ella no le importaba ascender. Lo hicieron con una performance llamada ‘Los amantes’: recorrieron 2.500 kilómetros de la Muralla China, empezando cada uno en un extremo, durante 90 días.

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El final original de la piezas, en el templo budista de Erlang Shen, era una boda. Allí sellarían su amor en una ceremonia ritual. Sin embargo, cuando llegaron a destino, Ulay informó a Marina Abramovic que su traductora (ambos iban acompañados de una para facilitar su viaje a pie) estaba embarazada. Marina le dijo que deberían casarse y se dijeron adiós. En el documental ‘The Story of Marina Abramovic and Ulay’ (2017), el artista alemán dio algunas explicaciones. “Para ella, seguir adelante sola fue difícil. Para mí, era algo absolutamente impensable. Cuando el amor se rompe se transforma en odio. Y ella me odió“. Durante 20 años ni se vieron ni se hablaron. Hasta que Ulay entró en el Moma y se sentó frente a ella.

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Ese no fue, sin embargo, el último asalto del enfrentamiento entre Marina Abramovic y Ulay, Pese a la intensidad y la emotividad de su encuentro, el alemán denunció a la artista en 2015 por no pagarle los ‘royalties’ que le correspondían por su obra conjunta. La justicia falló a su favor, y la serbia tuvo que abonarle 250.000 dólares (una minucia, pues la fortuna de ella se calcula en 10 millones de dólares). La reconciliación definitiva tuvo lugar en 2017, una paz que firmaron en el documental que relata su historia. En marzo de 2020, Uwe Laysiepen falleció en Liubliana debido a un cáncer linfático y Abramovic hizo pública una emotiva carta en el que deja constancia de la importancia que el alemán tuvo en su vida y en su carrera.

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“Nos conocimos un 30 de noviembre, el cumpleaños de ambos. Sentimos que, de alguna manera, habíamos encontrado a nuestra otra mitad. Fue el encuentro de una energía masculina y otra femenina para crear un elemento unificado que llamábamos ‘ese Yo’. El apodo con el que nos llamábamos el uno al otro era ‘pegamento’, lo que ya da una idea acerca de cómo veíamos nuestra relación. Vivimos durante muchos años en una vieja furgoneta Citroën con nuestro perro, Alba. Recorrimos Europa de una performance a otra. Cuando recuerdo aquellos años, evoco la libertad total que disfrutábamos. Fueron algunos de los años más felices de mi vida”.

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La libertad era, sin duda, total. Necesaria para llevar a cabo el proyecto que Marina Abramovic tenía en mente: explorar todos los recovecos del dolor a través de su cuerpo. “El dolor es una puerta”, explicaba en sus inicios, cuando aún no había conocido a Ulay. En la serie de performances titulada ‘Rythm’ (1973-1974) perdió la conciencia y el control sobre su cuerpo en varias ocasiones. En la performance de esta serie celebrada en la Galería Studio Morra de Nápoles, asumió el papel de mujer sumisa y, de pie frente a una mesa con todo tipo de objetos (incluidos una pistola, un cuchillo o unas tijeras), se dejó hacer por los visitantes durante seis horas.

“Yo soy el objeto”, invitaba un texto. La desnudaron parcialmente; la manipularon como si se tratara de una marioneta; le pintaron un grafiti en el cuerpo con un pintalabios; alguien le cortó con un cuchillo en el cuello y le succionó la sangre. Cómo mantener esta intensidad a lo largo de las décadas. Imposible.

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