Por fin sabemos por qué Donald Trump cogió de la mano a una aterrada Teresa May (y lo que hizo ella cuando logró soltarse)

En enero de 2017, la versión oficial que trató de explicar la extrañísima estampa que retrataron los fotógrafos de Washington hablaba de un gesto de caballerosidad de Donald Trump hacia Theresa May. Según los espantados asesores de comunicación de ambos, él quiso asistirla al bajar una pequeña rampa que daba entrada al patio de columnas de la Casa Blanca. May repitió el argumento en Vogue: “Quiso ser un caballero”, aseguró cuando le preguntaron por el extrañísimo momento.

Sin embargo, la incomodidad era evidente en su cara. Y hasta pudo convertirse casi en pánico al comprobar que Donald Trump la conducía de la mano, practicamente como si fueran novios, frente a toda la prensa acreditada. ¿Qué se proponía el Presidente? ¿Era esto un truco de buscavidas, una trampa diplomática o un cortejo más bien torpón? Debió pasar por la cabeza de la Primera Ministra casi de todo. Por suerte, hoy sabemos exactamente qué es lo que ocurrió en estos turbios momento.

La revelación forma parte del documental en tres partes de la BBC ‘Trump Takes on the World’ (‘Trump conquista el mundo’), en el que se confirma que los ‘insiders’ de la diplomacia global consideraban al empresario una “criatura extraña”. De hecho, algunos oficiales testigos del encuentro entre May y Trump mostraron sorpresa por la mínima capacidad de atención del mandatario: “Parece una ardilla corriendo entre el tráfico”, dice uno en la película. La situación, el momento ‘manitas’, era ridículo e insostenible.

Pero Theresa May tuvo que hacer de tripas corazón: había viajado a Washington con el objetivo de convencer a Trump para que se congraciara con la OTAN y se alejara de Vladimir Putin, y no podía enfadarle. Eso sí: en cuanto pudo se soltó de las garras de Donald y salió corriendo. El motivo: una llamada telefónica urgente.

Puede que esta sea la revelación más sorprendente del documental: quizá temerosa de que la situación pudiera llevar a malentendidos (o sea, dándole pábulo a una patética posibilidad de cortejo en la cumbre), Theresa May corrió a llamar a su marido, Phillip, para advertirle de que Donald Trump le había cogido de la mano, sin su consentimiento, y que la foto iba a dar la vuelta al mundo. Así recuerda aquel momento horrorosamente mágico Fiona McLeod Hill, la jefa de gabinete en el número 10 de Downing Street: “Ella no podía retirar la mano: estaba totalmente atrapada. En cuanto logró soltarse, lo primero que nos dijo fue que necesitaba llamar a su marido para decirle que se había dejado coger de la mano por otro hombre”.

No fue la última ocasión en la que Theresa May se vio aferrada por las garras del empresario estadounidense: lo repitió en 2018, en la visita oficial del matrimonio Trump al Reino Unido. En al menos dos ocasiones, en Londres y en la recepción oficial en Blenheim Palace (Oxfordshire), el Presidente volvió a aprovechar la presencia de la prensa para coger a la Primera Ministra de la mano, esta vez como si fuera una niña pequeña a la que dirigir.

Esta es la clave de estos gestos incómodos y maleducados: Trump consideraba a May una persona débil, según desvela en el documental un asesor de seguridad nacional estadounidense. Este gesto era la manera de Donald Trump de hacer patente su superioridad, como macho alfa, sobre la política ‘torie’. Con el lenguaje corporal exhibía cómo la sometía.¿Se puede ser más desconsiderado, machista e inseguro? En público, no.

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