Millonarias contra Donald Trump: así se han enfrentado al presidente las mujeres más poderosas de Silicon Valley,

Es cierto: el presidente Trump dispara a casi todo. Sin embargo, los analistas estadounidenses han detectado una sorprendente tendencia: su fijación crítica con mujeres millonarias, filántropas y relacionadas con Silicon Valley. Hablamos de algunas de las fortunas más importantes de Estados Unidos y con influencia global, de ahí lo notable de las duras palabras que Donald Trump les ha dedicado y, además, en público. Ha utilizado su medio de comunicación favorito, Twitter, para proferir una reprimenda en toda regla contra Laurene Powell Jobs, la viuda y titular de la herencia de Steven Jobs (Apple).

“A Steve Jobs no le gustaría ver cómo su esposa malgasta el dinero que heredó en una revista de izquierda radical que escupe noticias falsas y odio. Llamadla, escribidle, hacedle saber lo que pensáis”, animó a sus seguidores en Twitter. Su enfado tiene que ver con un artículo que publicó ‘The Atlantic’ en el que se desvela que Donald Trump ha llamado a los militares que murieron en el campo de batalla “perdedores” e “idiotas”, unos insultos que constataron muchos otros medios, incluida la cadena Fox News. Sin embargo, lo que llama muchísimo la atención es el sexismo de su mensaje, en el que trata de convertir a Laurene Powell Jobs, una de las mujeres más poderosas del país, en un florero y minusvalorar sus actividades filantrópicas.

Laurene Powell es la sexta mujer más rica del mundo, con una fortuna que asciende a unos 20 billones de dólares. Dirige la Emerson Collective, una organización filantrópica que colabora con empresas interesadas en el cambio social en el ámbito de la educación, la inmigración, la salud, los medios de comunicación (es accionista mayoritaria en ‘The Atlantic’) y la justicia social. Sin duda, demuestra que su papel como esposa de Steve Jobs no se limitó a acompañarle en la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza, sino que tuvo un impacto significativo en a carrera de su esposo.

La ceguera de Donald Trump en lo que se refiere a Laurene Powell Jobs y otras mujeres ricas del mundo de la tecnología tiene su lógica: el presidente ha insistido en todos sus matrimonios en firmar un acuerdo prematrimonial que protegiera la integridad de su ¿fortuna? de las demandas de sus esposas en caso de divorcio. Seguramente no puede concebir que una pareja forme equipo a la hora de liderar organizaciones empresariales y menos aún que estas utilicen su dinero como les venga en gana. Justo lo que hace Mackenzie Scott, ex mujer de Jeff Bezos (Amazon) y la mujer más rica del mundo, con 68 billones de dólares en el banco.

La animadversión de Trump con Mackenzie Scott es doble, ya que no tiene una buena relación con su ex, Jeff Bezos. Además, la millonaria tampoco entra en su esquema único de esposa, más bien una consorte florero y dependiente. Mackenzie bautizó Amazon cuando solo era una idea y fue su primera contable y asesora financiera. Por eso, cuando la pareja se divorció tras 25 años de matrimonio y un éxito empresarial sin precedentes, obtuvo una gran fortuna y un 4% de las acciones de la compañía. Sin embargo, en vez de dedicarse a disfrutar de ella, está totalmente entregada a sus actividades filantrópicas y donaciones constantes a las causas más detestadas por Trump: la igualdad de género, el antirracismo y los derechos de la comunidad LGTBIQ+.

Melinda Gates tampoco ha escondido su consideración acerca del primer mandato de Donald Trump. “Estados Unidos carece absolutamente de liderazgo en la tarea de construir una sociedad más justa”, ha explicado recientemente. “Precisamente por eso estamos poniendo a nuestros hijos y mayores en riesgo. Y eso es un crimen”. Melinda Gates posee, junto a su marido Bill Gates (Microsoft), 116 millones de dólares, una fortuna que también lleva su nombre: trabajó en Microsoft durante seis años, y más tarde se dedicó a la Melinda Gates Foundation, la mayor organización benéfica del mundo (40 millones de dólares), centrada en la lucha contra la pobreza y la educación. Por eso Trump las detesta tanto: detesta que no dediquen su dinero a sí mismas, como haría él.

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