Mallorquina por Norma: recibe el galardón arropada por su familia, Cristina Cifuentes y Paloma Lago

Con la lotería de Navidad derritiéndose en las administraciones y el alcalde de Vigo colgando más luces que en Nueva York, en Mallorca sigue siendo verano.

Iba a ser el décimo aniversario, pero tropezó con la pandemia. Hasta que llegó ella, Purificación Martín Aguilera, para recoger el noveno galardón de Mallorquines de Verano, el premio por la promoción “del lugar más bello del mundo”. Norma Duval sabe de lo que habla porque, aunque nació en Barcelona, ella es casi de Mallorca, explicó la mujer que veranea en la isla desde hace 64 años y llegaba en el barco de “la Trasmediterránea”, viendo el amanecer sobre la catedral.

La madre de la Duval trabajaba para un médico mallorquín y desde Capdepera Norma supo leer los, a veces indescifrables, códigos de un lugar que se protege por lo que pueda pasar. “El mallorquín, cuando te da su amistad, te la da para siempre”, dijo con un hilo de voz desde el escenario.

Norma Duval se vistió de negro y perfiló de color carbón sus hipnóticos ojos azules. Había desayunado sobrasada para afrontar un día de entrevistas en periódicos y televisiones, como los que vivió en el mejor momento de su carrera. Todavía no ha parado. Tiene bajo el brazo un proyecto con Enrique Cornejo, que era secreto hasta que lo dijo.

Llegó la última a la terraza de la mejor suite del Hotel Valparaíso, donde al son los acordes de La Boheme esperaban invitados a la cena homenaje. Toni Ferrer, su director, rebobinó el lapso que nadie quiso vivir para hacer memoria de un tiempo para olvidar y recordó las noches en las que había una o ninguna habitación ocupada.

Norma siguió a sus veranos en la finca de Can Patilla entre patos, toros y el trenzado del palmito. También acudía a las matances, berenava trempó y, junto a su hermano, iba en carriola a la playa. “Me acuerdo que decían: hoy vamos a hacer pato. Y le cortaban la cabeza y el pato andaba sin cabeza, o sea que fíjate los recuerdos que tengo”, defendió la última reina de la revista. Estos días visitará a Catalina, la única persona de su ‘no familia ‘de aquí que sigue viva.

A la Duval le faltó pedir que el año que viene don Juan Carlos se alce con el Mallorquín de Verano porque, para ella, él es el mejor embajador de Mallorca y, como tal, debería volver.

Acompañada por sus hijos, sus sobrinas y su posible futuro marido, Norma Duval recibió su kit de mallorquinidad y dio las “gracias por la compra de la semana” al recibir una cesta llena de productos locales. Después, le mandó un beso a Sara Montiel por llevar Mallorca around the world. Y los fotógrafos que habían ido a hacerle fotos a ella, se la hicieron con ella.

“En cuanto arregle las herencias me vengo a vivir aquí”.

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