Leire Larracoechea: "Los abogados jóvenes no queremos trabajar solo por dinero, necesitamos algo más"

Leire Larracoechea sabía desde niña que quería dedicar su vida a ayudar a los demás. Quizás, lo que nunca pensó es que lo haría con la ley en la mano. Parece una mujer tranquila, pero se está dando mucha prisa. Tras cuatro años en Nueva York, ha regresado a Madrid, ha puesto en marcha la Fundación Pro Bono España y está a punto de dar a luz a su primera hija. Licenciada en Periodismo y Derecho por la Carlos III y con un Máster en Derechos Humanos por la Universidad de Harvard, su expediente la llevó directa a la firma de abogados hispanoportugesa Cuatrecasas, con el fin de realizar prácticas en un programa de rotación internacional. “Este programa fue el que me permitió conocer la abogacía solidaria, lo que en los despachos de abogados se denomina L pro bono”.

Palabras en latín que significan “por el bien común”. En nuestro país ya existe la asistencia jurídica gratuita con el turno de oficio: la diferencia entre ambos es que los abogados que trabajan con pro bono lo hacen de manera voluntaria sin percibir ninguna retribución. Sin embargo, los abogados del turno de oficio son gestionados por los Colegios de Abogados y reciben un sueldo del Estado. Además la Fundación no puede prestar servicio a personas o entidades de las que, por ley, se encarga el turno de oficio. “Me consta que la profesión está muy desprestigiada. En un bufete muchos casos no encajan con tu visión de la vida, pero la abogacía pro bono es la manera de reconciliarte con lo que a muchos nos ha llevado a estudiar Derecho, que es, aunque suene infantil, el deseo de dejar a tu paso un mundo mejor del que te has encontrado”.

La Fundación Pro Bono España, de la que Leire es directora ejecutiva, nació a mediados de 2018 de la mano de 28 despachos nacionales e internacionales con sede en España, y actualmente cuenta con 37 despachos y universidades implicados. Para poner en marcha la fundación, Leire comenzó a buscar apoyos mientras aún trabajaba en el Vance Center for International Justice de Nueva York.

Mujerhoy ¿Qué es lo que más echa de menos de sus tres años de trabajo en Nueva York?

Leire Larracoechea No tener que nadar a contra corriente. En EE.UU. la cultura pro bono está muy arraigada y mi trabajo en el Vance se centraba en encontrar abogados que pudiesen hacerse cargo de algún caso, pero aquí me tengo que centrar en la parte más educativa y de comunicación, porque la abogacía solidaria aún es una gran desconocida.

M.H. ¿Y lo que menos?

Leire L. Las horas sin dormir, el ritmo frenético, la cultura de la exigencia máxima, a mi jefe mandándome correos con instrucciones sin ningún tipo de saludo o agradecimiento y estando sentado a 15 metros de mi mesa… Allí todo es producir sin tener casi en cuenta la humanidad.

M.H. ¿Cuáles son las principales diferencias entre un sistema judicial y otro?

Leire L. Muchísimas, pero diría que la Justicia en EE.UU. es más rápida y efectiva, aunque no necesariamente más justa. Muchos procedimientos se resuelvan con negociaciones económicas sin llegar a juicio, lo que evita se encarezca el caso. Además, el juez tiene más libertad de interpretación de la ley y puede decidir en base a sentencias precedentes. En España nos ceñimos a la ley y la norma escrita. Por último, creo que el papel que juega el jurado popular actúa en beneficio de la flexibilidad y hace que se tenga una garantía de mayor independencia ante la posible politización de la Justicia.

M.H. ¿Podría hablarnos de un caso relevante que se haya llevado pro bono en España?

Leire L. Puedo contaros un caso que se llevó a cabo en España, a través de la clínica jurídica de la Universidad de Alcalá de Henares.

M.H. ¿Qué es una clínica jurídica?

Leire L. Algo relativamente novedoso, pero muy desarrollado en el mundo anglosajón. Se trata de “clínicas” donde los abogados hacen sus primeras prácticas con casos reales. Sería como los médicos que completan su formación con las prácticas del MIR.

La abogacía pro bono te reconcilia con lo que te lleva a estudiar derecho: dejar un mundo mejor”.

M.H. ¿Y qué consiguieron?

Leire L. Hasta 2018 las personas con sida o VIH no podían presentarse a las oposiciones a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Gracias al trabajo de la clínica jurídica y de CESIDA (Coordinadora Estatal para las personas con Sida y VIH), se consiguió impugnar las bases de las oposiciones y que el Gobierno adoptase en Consejo de Ministros un cambio en la normativa en virtud del cual ahora no se les excluye del acceso a las pruebas para Policía Nacional o Guardia Civil.

M.H. ¿Cuál es la mayor dificultad a la que se han enfrentado con esta iniciativa?

Leire L. Poner de acuerdo a distintos despachos, todos importantes y grandes, no es nada sencillo. Cada uno tiene sus propios intereses y hay, como en casi todas partes, muchos egos. Cuando empecé me decían que estaba un poco loca, pero lo que me movía, porque no cobraba un duro, era estar convencida de que esta fundación era y es muy necesaria.

M.H. Por su experiencia, a la hora de involucrarse en el proyecto ¿es más receptivo ante el pro bono un hombre o una mujer?

Leire L. En el 90% de los casos tengo que convencer a los jefes que ocupan los puestos de dirección para que impliquen a su despacho. Ese tipo de posiciones suelen están ocupadas por hombres, pero, curiosamente, yo hablo con muchas mujeres, porque cuando llegan a socias suelen ser ellas las que se hacen cargo de la parte solidaria del despacho. Ellas son las que, además del tiempo que dedican a su trabajo normal, deciden invertir más horas a la gestión de la responsabilidad social.

M.H. ¿Han cambiado las necesidades de las nuevas generaciones de abogados?

Leire L. Sí, creo que tenemos muchísimas ganas y una parte de necesidad de participar en proyectos no lucrativos. Salimos a manifestarnos, defendemos causas sociales… Y no queremos trabajar mil horas solo por dinero. Necesitamos algo más.

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