La increíble historia de la mujer que derrotó a Donald Trump antes que Biden: se llama Kathrin Jansen y ha conseguido la vacuna contra el coronavirus

Le ha dado ahora la puntilla política a Donald Trump, pero su guerra con el aún presidente de los Estados Unidos viene de algo más lejos. Kathrin Jansen, la titular de investigación en vacunas del laboratorio farmacéutico Pfizer, puede apuntarse el tanto de haber derrotado al millonario mucho antes de que las urnas dictaminaran su caída libre. Fue inflexible ante las presiones del magnate para que acelerara la investigación sobre la vacuna del coronavirus, de forma que llegara a tiempo para utilizarlo a su favor en campaña electoral. Más aún: cuando ayer el vicepresidente Mike Pence quiso apuntarse el tanto de haber promovido su investigación, Jansen lo negó rotundamente. “No hemos aceptado fondos del gobierno estadounidense ni de nadie para el desarrollo de esta vacuna”.

El pasado mayo, el gobierno de Donald Trump puso en marcha un programa ‘Warp Speed’ (‘Máxima velocidad’) que puso a disposición de determinados laboratorios financiación para encontrar rápidamente una vacuna para el coronavirus. Pfizer no aceptó esos fondos, aunque se considera parte del programa como potencial proveedor del gobierno federal. “En Pfizer nos movemos a la velocidad de la ciencia y solo la ciencia guía las decisiones que tomamos al respecto de la vacuna”, aclaró a ‘The New York Times’ Kathrin Jansen, dejando claro su alergia a las presiones políticas. Pocas personas han podido aplicar un correctivo tan tajante al gobierno Trump. Efectivamente: el dinero no lo puede todo. O, al menos, no ha podido con Jansen.

Esta microbióloga alemana, desde ya posible candidata al Nobel en 2121, es una de las investigadoras científicas más reconocidas y populares del planeta. De hecho, antes de enfrentarse al virus del Covid, Kathrin Jansen (62 años) ya había logrado desarrollar vacunas de alcance global como la del virus del papiloma humano (el causante del cáncer de útero) y la del neumococo (la más complicada que se ha conseguido hasta la fecha y la más vendida del mundo). Es incalculable el número de personas que puede haber salvado con sus investigaciones.

Su reputación intachable hizo posible que importantes laboratorios, primero Merck, luego Wyeth y ahora Pfizer, pusieran a su disposición equipos y presupuestos para encontrar la cura a infecciones extremadamente difíciles de erradicar pero implacables con mujers y niños. No siempre fue respaldada. De hecho, en Merck sus propios compañeros llegaron a gritarle por los pasillos, acusándola de dilapidar recursos en aventuras imposibles.

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Esa es una de las claves de Kathrin Jansen: su pertinacia a la hora de llevar sus investigaciones a término y encontrar soluciones era más importante que su propia carrera profesional. No temía fracasar o quedarse sin trabajo. Su fe en la medicina viene de su propia infancia: sufrió muchas infecciones de garganta de niña y solo los antibióticos y la codeína la aliviaban. Jansen ha recordado estos episodios febriles como el principio de su vocación: “Uno es pequeño y sufre esas toses violentas y se siente tan enfermo, y entonces le dan una droga y se siente mejor”.

Aún era niña cuando vivió, aunque dormida, su gran aventura. En 1961, poco antes de la construcción del muro de Berlín, toda la familia decidió pasar de la Alemania Oriental a la Occidental porque temía por su porvenir. Salieron en tres automóviles. El padre mintió sobre su viaje: dijo que iba a una entrevista de trabajo. La futura microbióloga viajó sedada con pastillas de dormir para evitar que le dijera la verdad a la policía en el control fronterizo.

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