Jiménez del Oso, la reina Sofía y sus reuniones para hablar de misterio: Había gente de la NASA

El próximo 27 de marzo se cumplen 15 años del fallecimiento de Fernando Jiménez del Oso. Con ese motivo, la editorial Luciérnaga acaba de poner a la venta El legado del Oso, un libro homenaje al popular divulgador, periodista y presentador televisivo, que ha sido escrito por su hijo, Fernando López del Oso, novelista que tiene en su haber el Premio Internacional de Ciencia Ficción y Literatura Fantástica de Ediciones Minotauro por El templo de la luna.

A pesar de lo complicado del encargo, López del Oso ha conseguido firmar un libro que, si bien incluye abundante información y anécdotas sobre Jiménez del Oso, huye de la biografía al uso para convertirse en una novela en la que las fronteras entre la realidad y la ficción se difuminan. Articulado a través de los temas y misterios que captaron la atención de su padre, el libro busca determinar cuál de todos fue el que más le marcó. Una tarea para la cual López del Oso recurre a la ayuda de algunos de los amigos y colaboradores del presentador, como Juan José Benítez o Javier Sierra.

El resultado es una apasionante novela que en ocasiones recuerda a los relatos de aventuras exóticas de Sax Rohmer, en otras a las historias sobre civilizaciones perdidas de Lovecraft y, en no pocas, a las narraciones de Philip K. Dick.

“El libro tiene una estructura novelística porque yo soy novelista. Además, en la novela moderna cabe la ficción, la autoficción, la biografía, la autobiografía, el ensayo o la entrevista”, explica Fernando López del Oso, cuyo objetivo no era escribir un libro dirigido únicamente a los admiradores de la figura de su padre sino para cualquier tipo de lector.

“Mi intención era que la novela pudiera llegar a todo el mundo. Que gustase a los amantes de los temas del misterio, porque mi padre es un referente en ese campo, pero que también gustase a ese lector de mediana edad que viera su fotografía en la portada, que lo reconociera porque veía sus programas de pequeño y, sin saber de estos temas, coja el libro, lea la contraportada y le pueda parecer suficientemente sugestivo”.

En opinión del propio Fernando López del Oso, la mejor definición de este libro difícil de clasificar tal vez la haya dado Javier Sierra en el texto que aparece en la faja promocional que acompaña a cada ejemplar. El Premio Planeta 2017 y periodista experto en temas de misterio dice de El legado del oso que “no es una novela, pero tampoco un ensayo. Es el emocionante relato de un hijo que busca la verdad que su padre esconde. Una odisea entre el espíritu y la razón que a todos nos incumbe”.

“Javier Sierra es un tipo extraordinariamente brillante, muy generoso y fue muy certero con esa frase, especialmente con su parte final en la que dice que nos incumbe a todos. A lo largo del libro aparezco yo, un hijo, buscando a su padre. Algo que no es tan extraño porque ¿cuántos hijos conocemos realmente al padre o a la madre? Cuando te preguntan quién es tu padre, no es fácil responder a eso. Tú tienes una visión parcial y el proceso de incorporar al padre es complicado. En mi caso ha sido como pasar de la adolescencia a la madurez independientemente de que, cuando lo he escrito, ya era un adulto. En realidad, el libro podría haber funcionado perfectamente sin él y sin mí como protagonistas porque su mensaje último es universal”.

Un tipo curioso

Médico psiquiatra de formación, Fernando Jiménez del Oso fue discípulo del Dr. López Ibor. Al acabar sus estudios, trabajó en un gran hospital y en la clínica de su mentor, hasta que decidió abrir su propia consulta que mantendría activa hasta su muerte. “Ese era su verdadero oficio. Lo que sucedía era que mi padre era una persona tremendamente culta al que le interesaban infinidad de temas. Cuando investigaba sobre un caso le interesaba todo: lo que pasó antes, lo que pasó después, el contexto social o el religioso para reinterpretar todos esos materiales en conjunto. Por eso, si tuviera que definir cuál ha sido realmente el Legado del Oso, creo que sería esa visión de conjunto".

En su juventud, Jiménez del Oso formó parte de diferentes grupos de teatro, escribió cuentos de terror gótico, pintó y dibujó con notables resultados e incluso construyó maquetas relacionadas con aquellos mitos que le habían fascinado desde la infancia. Por ejemplo, un palacio del Conde Drácula fabricado con madera, cartón, tela, garbanzos pintados a modo de cabezas y telas de araña hechas con hilos de pegamento.

“Cuando rondaba ya los 30 años, apareció en su vida Chicho Ibáñez Serrador, que le propuso colaborar en Todo es posible en domingo. Es ahí cuando se da cuenta de que esos temas que le interesan y sus inquietudes son muy bien acogidas por el público. A partir de entonces le dejan hablar de todo lo que quiera en Televisión Española, en las revistas y él aprovecha esa situación para seguir aprendiendo, viajar y rodar en otros países”.

Las primeras intervenciones de Jiménez del Oso en Todo es posible en domingo carecían de artificios. Tan solo estaba él y una pizarra en la que iba dibujando para apoyar gráficamente sus explicaciones. Además, sus intervenciones no tenían una duración fija sino que estaban sujetas a las necesidades del directo, por lo que tuvo que aprender a improvisar, sintetizando o alargando sus anotaciones. Una experiencia que le serviría posteriormente cuando se puso al mando de sus propios programas como Más allá o La puerta del misterio.

“La fuerza de la palabra es muy evocadora. Tiene una potencia que, en mi opinión, la imagen a veces no tiene. Por eso, cuando combinas ambas funcionan muy bien. ¿Sabes cuál era su película favorita? Al final de la escalera. En ella hay una escena muy sencilla en la que una pelota mojada baja botando por una escalera. Eso es el terror, la sugestión y así eran sus programas, especialmente cuando dispuso de más presupuesto y pudo viajar para rodar en el extranjero. Siempre buscaba el mejor encuadre, la música precisa, la narración… Eso es lo que provoca el gran efecto, lo otro, el artificio, creo que es más barato”.

Escéptico y respetuoso

Una de las características de Jiménez del Oso como divulgador del misterio era su bonhomía, su humanismo y su honestidad. A diferencia de los nuevos divulgadores, neoliberales que no tienen problema en incluir en sus programas soflamas reaccionarias disfrazadas de reflexiones trascendentes, Jiménez del Oso nunca imponía su visión ni afirmaba la veracidad de los hechos que narraba. Una actitud que demostraba tanto su escepticismo, como su respeto hacia el espectador.

“Apenas daba respuestas porque no hay respuestas en estos temas. De hecho, a lo largo de su carrera rectifica en varias ocasiones sus planteamientos porque, a medida que va conociendo y sabiendo más cosas, cambia su visión anterior. Por eso, más que encontrar algo en concreto lo que a él le gustaba realmente era buscar”.

Esa curiosidad de Jiménez del Oso por el conocimiento no solo fue compartida por aquellos que como Javier Sierra, Juan José Benítez o Nacho Ares participan con su testimonio en el libro. Gracias a El legado del Oso, se confirma una información que desde hace años corría en redacciones y mentideros, pero que no había trascendido al gran público: el interés de la reina Sofía por los temas del misterio. Durante unos años, la reina emérita organizó reuniones con expertos, entre los que se encontraba Jiménez del Oso, para hablar sobre antiguas civilizaciones, vida en otros planetas, ovnis y otros enigmas.

“Eran reuniones en las que no solo se hablaba de misterio. Una de ellas, a la que estuvo invitado mi padre, era sobre la posibilidad de vida en Marte. Había gente de la NASA, creo que estaba también Pedro Duque, habían llevado una reproducción de un módulo espacial… Más científico imposible. También hubo otra reunión sobre Mohenjo Daro, una cultura del valle del indo que plantea muchos interrogantes porque su escritura es muy semejante a la de Isla de Pascua. Según los paleógrafos, es complicado que esas similitudes sean solo fruto de la casualidad, pero lo inexplicable es que a ambas culturas no solo les separa el Océano Pacífico sino varios miles de años de distancia. Cuando alguien es curioso, es inevitable no interesarse por estos temas y en el caso de la reina Sofía, será uno más de sus muchos intereses, de la misma manera que, por ejemplo, le interesa el arte”.

Además de estas facetas poco conocidas de la realeza española, El legado del Oso desgrana otros muchos rasgos de la personalidad de Jiménez del Oso de los que sus seguidores no tenían noticia. Por ejemplo, su afición a practicar sesiones de ouija con amigos, su gran sentido del humor –“muy inglés, con sarcasmo, ironía fina y, de vez en cuando, con la frase que escandalizaba”–, su facilidad para sumarse a las bromas que el equipo de rodaje ideaba durante los largos viajes o su afición al bingo.

“Sí, era binguero. Podía haber salido de figurante con Ozores. En esa época el bingo estaba rodeado de mucha parafernalia. Podías comer a cualquier hora, tomarte una copa. Lo de ver si completaba la línea o el cartón debía de ser algo zen que le despejaba la mente y le relajaba”.

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