Entrevista con Amaya Ascunce, autora de 'La idea de ti'

Si algo llama la atención de la forma de escribir de Amaya Ascunce es esa facilidad innata que tiene para desnudarse, para abrir una ventana a su mundo y a sí misma que, al cerrar el libro (o terminar de leer su newsletter), te hace pensar que has tenido muchas conversaciones con ella, que es esa amiga de la universidad con la que hace tiempo que no hablas pero la complicidad sigue intacta, o esa madre del colegio con la que solo has necesitado unas cuantas tardes de charla para sentir que la conoces de toda la vida.

Amaya Ascunce, directora de Elle.es, publica ahora La idea de ti, un relato personal en el que habla sobre su camino hacia la maternidad, pero también (y por encima de todo) sobre las vueltas que da la vida, las expectativas que nos creamos y nos imponemos y cómo, a medida que crecemos, la vida nos hace cambiar de opinión.

¿Cómo surge el proyecto de escribir La idea de ti?

Me pidieron un libro que no era este. Como tuve un blog y un libro que funcionó bien, me llamaron de la editorial para que ahora que era madre escribiera sobre cómo echaba de menos mi anterior vida, y les conté que mi historia personal era distinta, que me había costado seis años ser madre y que ese enfoque no podía ser porque no echaba de menos mi vida anterior. Entonces la editora me dijo ‘Escribe eso’. En realidad ya tenía una parte escrita, el diario de embarazo, y había intentado escribir cosas esos años, así que hice un popurrí, me senté a escribir y salió La idea de ti.

En un pasaje del libro dice que es un viaje hacia el centro de sí misma. ¿Ha sido un poco catarsis? ¿Qué es lo que más le ha costado contar?

Es un libro muy personal. Mientras lo escribía no me costó, el vértigo fue cuando se lo di a leer a la editora, la primera que lo leía. A mí me ha servido como terapia, es una manera de nombrar las cosas, y cuando lo haces pasas por los procesos, te caes bien o mal, te perdonas… La parte que más me ha costado es mantener el respeto con mi marido y mi hija, porque la elección de desnudarme es mía, y a pesar de que no entiendo por qué lo he hecho, a ellos no los quería exponer. A mí me gusta leer, creo en la capacidad de los libros de acompañar y nombrar las cosas, y necesitaba que fuese de verdad.

En muchos pasajes habla del dolor que ha sentido en su camino para ser madre, incluso había creado una letanía de pensamientos para construir un muro en el que no se colase el dolor. ¿De qué manera le ha dejado huella este proceso?

Me imagino que sí que me ha influido, no tengo tanta capacidad de analizarme pero entiendo que sí, que soy otra persona. Todo este proceso me ha ayudado a saber que no tienes el control, pensamos que controlamos y no controlamos nada. Y otra parte es la aceptación, tienes que aceptar lo que pasa, soltar el control. Aunque a veces pensamos que hemos aprendido las lecciones y se vuelven a repetir.

En varios capítulos se cuelan lo desafortunados que pueden ser los comentarios cuando alguien está buscando un embarazo que no llega. Después de vivirlo en primera persona, ¿Qué consejo daría a quien está cerca de alguien en esa situación?

Cuando preguntas a la gente si quiere o no tener hijos o en qué proceso está, salvo que sea tu amiga o tengas mucha confianza, no sabes dónde te estás metiendo. Si no tienes cercanía, no digas nada. Hay mil temas, series, el tiempo… Y si tienes confianza y no sabes cómo abordarlo, lo más importante es preguntar si tiene ganas de hablar. Estoy aquí si necesitas hablar. Hay cosas que me han ayudado, como la gente que te dice que vas a estar bien cuando todo esto haya pasado. Eso parece una chorrada, quien te diga que el proceso va a ir bien no lo sabe, puede que no consigas ser madre, pero esta idea de que vas a ser feliz aunque no seas madre es importante, y eso te ayuda porque a ti se te olvida.

También toca el tema de la educación sexual, ¿se ha avanzado en eso? ¿Las mujeres de 20 saben más de lo que sabían las de 40 a su edad?

Ahora se está empujando muchas cosas con el feminismo. Pero estamos escasos de educación sexual, recibimos educación biológica, de cómo funciona el aparato reproductor, mucha información que tiene que ver con miedo (no te quedes embarazada, no cojas una enfermedad de transmisión sexual…), pero lo que tiene que ver con el placer y disfrutar del sexo se sigue sin tener en cuenta, y hay connotaciones que tienen que ver con el machismo, como ser una fresca, en las que se ha avanzado poco.

Dice en el libro que frente a lo que piensan algunos, le parece que ser madre es un privilegio y no un derecho. ¿Quizás se dan demasiadas cosas por hechas, como en tantos otros aspectos de la vida?

Estás educado para pensar que vas a ser madre o padre desde que eres pequeño, por eso mucha gente dice que nombre pondrá a sus hijos. Es muy difícil cuando te enfrentas de mayor a un problema de fertilidad. La sociedad no tiene por qué hacer que tú tengas un hijo. Es un privilegio, no tenemos por qué garantizarle a la gente la reproducción. Pero a la vez pienso que hay un problema muy grande de fertilidad, que no hay la suficiente información y que encima hay mucha gente que cree que la ciencia te lo va a solucionar, y eso es mentira. Hay mucha gente frustrada gastándose el dinero, gente haciendo mucho dinero con esto… es una situación sobre la que hay que poner luz.

La maternidad del siglo XXI también está marcada por la sociedad actual. Estos días se habla del síndrome de agotamiento parental… ¿qué cambiaría del sistema para que la maternidad no fuera un carrera de obstáculos? Cada vez hay más padres agotados y más niños que necesitan terapia cuando supuestamente hay más información y herramientas al alcance de todos…

La conciliación es supercomplicada, no es posible. Yo concilio porque pago a una persona que se encarga de mi hija, y ahora el teletrabajo te da acceso a conciliar mejor, pero produce un bucle constante de ocupación en tu cabeza, cosas a las que no llegas, cosas en las que quieres estar. Creo que hay un problema con el enfoque del trabajo. Un artículo de El País decía que la vida no puede ser trabajar toda la semana y hacer la compra los sábados. Vivir tiene que ser otra cosa distinta. Tenemos que tener un enfoque y valoración distinta del trabajo y eso hará que la conciliación sea posible, que no nos valoremos a través del trabajo, que no necesitemos producir tanto.

En el libro habla de temas sobre la maternidad que han sido y siguen siendo tabú, y también de cómo decidió ir a terapia. ¿Por fin se hace caso a la salud mental?

Ha habido un cambio asociado a Simon Biles, fue un boom a la hora de contarlo y se está naturalizando. Yo no lo tuve como algo tabú pero tampoco lo comunicas de manera normal, ahora sí se está produciendo una normalización y se habla más de ello. Es verdad que yo estoy hablando de hace cuatro años, creo que ahora lo contaría más normal. También hay una parte que tiene que ver más con tu carácter y con tu forma de ser, hay gente que cuando está mal necesita exteriorizarlo y hay gente que hasta que no está bien no es capaz de exteriorizarlo, y yo soy más del segundo tipo.

¿La pandemia ha supuesto un punto de inflexión en su vida casi mayor que el hecho de ser madre? ¿En qué le ha cambiado?

El teletrabajo me ha supuesto un cambio mental muy grande porque he sido consciente de lo que es estar en casa, con mucha más libertad, y más adaptado a lo que necesita el trabajo y lo que necesito yo. Es algo que no te paras a pensar, siempre he funcionado más con una mentalidad de colegio, que es en lo que me han educado, de ‘tienes que estar puntual, este es el trabajo, estas son las tareas’… y me he dado cuenta de que ese tipo de funcionamiento es incluso negativo para el trabajo. Ahora, si tengo que escribir, lo hago mejor desde mi casa. Mi capacidad de concentración y de sacar el trabajo es más alta. Y me ha cambiado la mentalidad, creíamos que esa era la forma y hay otras formas. También me ha cambiado la valoración de la amenaza, ha hecho que piense que estoy a 400 kilómetros de mi madre, que puede pasar algo… las prioridades se han reorganizado. Y desde un punto de vista emocional me ha hecho perder cierto pudor y todo eso ha conformado una forma distinta de ser. Sigo siendo yo pero es como si se hubiesen reorganizado y se hubieran iluminado algunas partes.

Con La idea de ti se adentra en un nuevo registro, tras escribir Cómo no ser una drama mamá y Rita bonita, gato gordo y el fin del mundo. ¿Se plantea escribir ficción?

He escrito ficción lo que pasa que –no te lo vas a creer– he escrito una novela sobre el fin del mundo y luego ha llegado la pandemia y me la ha dejado a la altura del betún. Tengo una historia de amor con una especie de colapso de la sociedad en un hospital. Lo mandé, tenía que corregir algunas partes estructurales, y a mí ya me daba pereza porque me he tirado mucho tiempo escribiendo y estaba harta de esa historia… Sí que me gustaría escribir ficción pero se me nota la impostura, yo funciono mucho mejor hablando de mí, y no sé por qué porque no soy muy expresiva y abierta, soy pudorosa, pero igual si no escribiese y contase las cosas de esta manera, colapsaría y me volvería loca.

¿Qué es para ti escribir?

Tener esta pulsión de escribir es un castigo porque no puedes no hacerlo, es como tu manera de pensar, desde pequeña. Cuando las cosas van mal o muy bien la escritura me ordena el cerebro, pero es un castigo porque siempre tengo la sensación de que estoy en la noche antes de un examen. Siempre tengo algo en la cabeza y me da vueltas… No porque el mundo me pida productividad sino porque funciono así. Igual suena soberbio, pero a veces voy al parque, y veo a otros padres y madres que están allí mirando a sus hijos, igual aburridos, pensando en sus cosas… pero yo normalmente voy al parque y estoy pensando ‘podría escribir esto’, o igual estoy escuchando un podcast que me está sirviendo para escribir algo y no estoy en eso, estoy yendo a la siguiente y cómo puedo utilizar ese tiempo para la parte creativa. Y eso es agotador, es un error, lo veo clarísimo, tengo que aprender.

¿Le gustaría que Manuela leyera La idea de ti? ¿Ha adelantado ese momento en su cabeza?

La historia ya la ha oído, tiene tres años pero una de las historias que más le contamos y más ilusión le hace es como nació, ella me lo pide mucho, sabe que nos ha costado mucho tenerla, hemos necesitado mucho esfuerzo, que olía a nueces cuando nació… Igual está tan harta de la historia que cuando sepa leer pasa del libro, pero espero que cuando tenga 21 años o tenga cierta madurez valore todo el amor que hay en ese libro hacia ella. Y lo que ha significado para nosotros y para otras muchas personas. Una de las cosas que ha sido increíble con este libro es los miles de mensajes y mails que no puedo publicar de gente que está pasando por lo mismo y lo que está suponiendo. Espero guardárselo y que ella sepa lo que supuso esta historia.

Cuenta que su lugar seguro y de paz es su terraza en Vallecas. ¿Es de las que cree que lo que nos hace felices muchas veces está más cerca de lo que pensamos?

Desde pequeña estoy con lo de escribir desde una casa en la playa, de hecho la recorté, igual tenía 12 años. Tengo ahí mi utopía, pero a través de la hipnosis en terapia mi lugar seguro era mi terraza de plantas en Vallecas, bebiendo y fumando y embarazada, no es algo muy sano… No necesitaría estar en el Caribe, necesito más tiempo y menos preocupaciones, menos este runrún de estar cansadas, pero una terraza en Vallecas está bien, y un bar debajo de casa también.




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