De Amancio Ortega a Rafa Nadal: así son los yates más lujosos de los famosos españoles

Como cada verano, el Drizzle recorre los puertos más selectos del Mediterráneo. Hace una semana que el yate, de 67 metros de eslora, y que costó en su día más de 50 millones de euros, partió de Mónaco rumbo a Génova. Es una de las joyas destacadas de las propiedades del mayor milmillonario español: Amancio Ortega Uno de los dos yates que disfrutan tanto el fundador de Inditex como su familia, especialmente Marta Ortega.

El Drizzle ondea bandera de Malta y reposa la mayor parte del año en el puerto de La Valeta, la capital de la isla mediterránea. Se construyó hace casi una década, puede prestar servicio a 10 pasajeros, repartidos en cinco camarotes de lujo, y puede llevar una tripulación de hasta 18 personas. Las 1.260 toneladas de su superestructura de aluminio con base de acero necesitan de un par de motores de 2.038 caballos, con un depósito de 140.000 litros para alimentarlos. Sólo tenerlo en marcha ya consume cerca de 500 litros por hora. Entre tripulación, mantenimiento, combustible, equipamiento y servicios, incluyento los 35.000 litros de agua dulce para sus piscinas, el Drizzle genera gastos cercanos a los cuatro millones de euros al año, el verdadero indicativo del lujo. Como en los aviones privados, lo que demuestra que eres ricos es que te puedes permitir tenerlo, no comprarlo.

Es algo que sabe bien la familia Villar Mir, que a finales del año pasado tuvo que vender uno de los barcos más lujosos en manos españolas, el Blue Eyes of London, una belleza de 60 metros y casi 1.000 toneladas, con capacidad para 12 pasajeros. Que costó cerca de 40 millones de euros fletar (en 2009) cuando todavía se llamaba Blue Eyes a secas. Y que la familia obtuvo en 2012 por una cantidad similar: 36 millones, más cuatro de reacondicionamiento. Tuvieron que venderlo por tan sólo 20 millones, en plena pandemia.

Sin embargo, el favorito de Amancio es otro navío más modesto y reciente: el Valoria B, sucesor del primer Valoria (en homenaje al pueblo de su madre). Y que, como el Drizzle, salió de los astilleros holandeses de Feadship, allí donde confiaron milmillonarios como Steve Jobs o Larry Ellison. El Valoria B es más modesto y recreativo: mide 47 metros de eslora, acoge 8 invitados, y fondea en Sanxenxo a la espera de que Amancio Ortega y su mujer decidan pasar unos días recorriendo el litoral gallego con amigos o famliares, en varios momentos del año. Si el Drizzle es la escapada veraniega, el glamour mediterráneo, el Valoria B cumple una de las grandes metas del fundador de Zara: tenerlo todo al alcance de Galicia. Costo unos 35 millones de euros.

Por su parte, nuestro otro español más internacional, Rafa Nadal, se relajaba hace unos días en Baleares de la lucha a tres bandas por ser el mejor jugador de tenis de la Historia. A bordo del Great White, el gran blanco, un catamarán 80 Sunreef Power impulsado por motores gemelos de 1.200 caballos, y 24 metros de eslora.

En este navío de bandera española y hogar balear, Nadal puede acomodar a ocho invitados en alguno de los cuatro acogedores camarotes de que dispone (aparte de, obviamente, el principal, un dormitorio doble con balconada privada televisón en el techo (el yate se gasta tres pantallas de 77 pulgadas, perfectas para ver esos Juegos Olímpicos a los que no acudirá o jugar al World Tennis Tour en PlayStation… usando a Roger Federer). Los 370 metros útiles del catamarán se asemejan a una vivienda de lujo, con un amplio salón, y un comedor a juego para que los invitados puedan reunirse. Ondea bandera española, y es fácil hacerse con uno similar, puesto que el 80 Sunreef Power no es un modelo exclusivo –aunque esté llevé dos años acondicionándose al gusto del tenista–: sólo hacen falta unos 5,5 millones de euros.

Sus rivales, por cierto, no cuentan con yate propio: hace años que Novak Djokovic vendió el suyo (un Sunseeker Manhattan de 2,5 millones de euros, más concebido para la velocidad que para el sosiego), mientras que Federer, que suele alquilar de vez en cuando superyates, también tiene amigos con los que no le hace falta su propia embarcaión: el año pasado, el suizo, su mujer y sus hijos fueron los invitados del lujosísimo Symphony, la bestia de 130 millones de euros y 108 metros de eslora de Bernard Arnault.

Volviendo al terreno español, los otros grandes yates de nuestros millonarios corren distinta fortuna. Por un lado está el curioso caso de Isak Andic, el fundador de Mango, amante de las escapadas mediterráneas a bordo de un yate velero bello como pocos: el Nirvana Formentera, construido por Vitters. 53’5 metros, con diseño interior íntegramente español –para el proyecto eligió a un arquitecto y a un estudio barceloneses para encargarse del interiorismo del Nirvana, como se llamaba originalmente– y estética francesa exterior.

El NF porta bandera española, lo que lo convierte junto al Valoria B en uno de los yates más imponentes en tamaño y precio de los que no ondean banderas de conveniencia. Costó cerca de 30 millones de euros, y se diseñó pensando en convertirlo en uno de los veleros más veloces y dinámicos, aunque entre sus tres camarotes y su espacio para la vida de asueto se han celebrado buenas fiestas y vacaciones.

Otro de los célebres yates españoles, el Alcor, está ahora mismo en alquiler. El yate perteneció a Rafael del Pino y Moreno, fundador de Ferrovial y uno de los milmillonarios españoles de referencia. Fue un encargo a Hessen, con diseño italiano y 35 metros de eslora, para celebrar su inminente jubilación (en el año 2000, cuando se retiró de la presidencia del grupo). El yate, con el que el empresario dio la vuelta al mundo, lo heredó su hijo, Rafael del Pino, que durante su matrimonio con Astrid Gil-Casares prefirió entregarse a los superveleros. Y hoy está disponible para alquilar, entre 74.000 y 89.000 euros la semana.

La familia del Pino no es la única que alquila: Carmen Cervera está orgullosa de su Mata Mua, el más longevo de los presentes (los Thyssen lo encargaron en 1991 y se entregó en 1993, en los astilleros holandeses de Scheepswerf Friesland). Se trata de un velero de 38’5 metros de eslora tras la última renovación (a fondo, en 2017), con capacidad para nueve pasajeros (cuatro lujosos camarotes dobles y una cama adicional) y que fondea en Mallorca principalmente, con bandera náutica española. La baronesa hace años que lo alquila (ahora mismo está en 68.000 euros semanales) cuando no lo usa. Y lo tiene decorado temáticamente con cojines, réplicas y tonos basados en los cuadros de Gauguin, el pintor cuya obra Mata Mua, la favorita de Tita, dio nombre al barco.

Por último, y tras haber vendido su mansión mallorquina, Florentino Pérez también parece dispuesto a dejar atrás su yate: el Pitina, el tercero de los barcos con el mismo nombre, en homenaje a su mujer, está a la venta por la décima parte de lo que costó en 2004 en los astilleros de Astondoa en Santa Pola: 2’3 millones de euros. Desde que enviudó, Pérez se ha refugiado cada vez más en el trabajo en los últimos años, algo que él mismo ha reconocido.

El yate sigue siendo una obra maestra de la ingeniería española: alcanza los 24 nudos (unos 45 kilómetros) por hora y tiene una velocidad máxima de 28 nudos (51 km.). Es capaz de acomodar hasta 12 pasajeros, funciona con una tripulación de cuatro personas, y tanto su diseño exterior como el interior se llevaron a cabo íntegramente en Astondoa. Lleva en manos de la familia de Florentino desde 2004.

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