Cómo hemos llegado a la guerra de la UE contra los fabricantes de vacunas

La Unión Europea y uno de los fabricantes de vacunas para el coronavirus, AstraZeneca, mantienen un enfrentamiento crítico desde hace una semana. La fabricante, cuya vacuna aún no había sido aprobada para el uso masivo en territorio europeo, anunció hace unos días que entregaría tan solo una de cada cuatro vacunas comprometidas con la Unión Europea. Mientras la Inglaterra de Boris Johnson tiene asegurado temporalmente el suministro de unas vacunas que, para colmo, se fabrican en parte en Bélgica. En Seneffe, a 45 kilómetros de Bruselas. Hoy, Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha publicado el contrato entre el organismo europeo y el fabricante, en el que –según Von der Leyen– queda claro que Europa tiene prioridad a la hora de recibir las vacunas.

¿Qué está pasando?

AstraZeneca, que tenía comprometidas 100 millones de dosis con europa desde hoy hasta marzo (contando con que hoy se aprobaría el uso de su vacuna en Europa), anunció hace siete días que no podría ser: problemas en su planta de fabricación belga –similares a los que se ha encontrado Pfizer y a los que se enfrentará todo fabricante ante un desafío logístico sin precedentes– limitaban la producción a 31 millones de dosis, una apuesta que ha subido a 39 millones de dosis tras el último pulso con Von der Leyen. AstraZeneca ha fabricado bastantes más dosis en las semanas previas, pero todas han ido a parar al Reino Unido y, en menor medida a Israel. 100 millones de dosis inglesas (fabricadas en Inglaterra y embotelladas en Alemania, en otra de las cuatro plantas que la farmacéutica tiene en el continente).

Una rebaja que ha hecho saltar por los aires la estrategia de vacunación de los estados miembros: España, Francia, Alemania e Italia se encuentran entre los más afectados por la decisión, especialmente tras los retrasos en la producción en Pfizer. O, al menos, son los que más han expresado el comprensible enfado con el fabricante (y con el Reino Unido, por razones que veremos un poco más adelante). Italia, de hecho, quiere demandar como país a AstraZeneca, independientemente de lo que decida la Unión. El Consejo Europeo (el organismo que representa a los estados miembros) ha pedido mano dura, y algunos europarlamentarios y diplomáticos ya empiezan a pedir que se apliquen las medidas más duras posibles contra la farmacéutica. Ya sea la retirada de la patente por parte de la Unión –un mecanismo posible en uno de los tratados de los países miembros– o que cada país adopte las medidas más duras contra la farmacéutica.

¿Por qué nos deben vacunas?

La Unión aportó más de 335 millones de euros en el desarrollo, investigación, y compra de 300 millones de dosis de la vacuna (y opción a otras 100 millones) desarrollada por AstraZeneca y la Universidad de Oxford. Uno de los problemas es que lo hizo más tarde que el Reino Unido, de la mano de la Comisión Europea (organismo independiente de los países miembros). El contrato se empezó a negociar a mediados de agosto y se firmó a finales de ese mismo mes, el día 27. Sí, se hizo con retraso con respecto al Reino Unido, pero una de sus cláusulas establecen que AstraZeneca tiene que dar preferencia a la Unión y, siempre según la Unión, que dedicar todas sus instalaciones a producir vacunas para cumplir con el compromiso con Europa. Von der Leyen ha subido hoy la presión contra la farmacéutica al publicar un contrato (fuertemente censurado, en el que faltan páginas y páginas de información con respecto a precios y acuerdos comerciales), en el que sí figura una cláusula bastante determinante, la 5.4, referida a la fabricación de la vacuna.

Que recoge lo que Von der Leyen denunciaba desde hace días y que Soiror, el CEO de AstraZeneca, venía negando en los medios económicos: que AstraZeneca "hará todo lo posible para fabricar la vacuna en instalaciones de la Unión Europea". Y que, a efectos de ese contrato, la Unión Europea incluye al Reino Unido.

¿Qué tiene que ver el Reino Unido con este acuerdo?

Todo. Los 100 millones de dosis de las que presumen Johnson y Michael Gove (su jefe de Gabinete y, a efectos de narrativa, el "poli malo" de Londres en las negociaciones diplomáticas) se han fabricado en una planta del Reino Unido y se han terminado de preparar en una planta alemana. Eso son dos plantas dos de AstraZeneca que no están fabricando vacunas para la Unión Europea, aunque el contrato de AstraZeneca con la Comisión diga que hay que fabricar prioritaramente las dosis pactadas, y que hay que usar todas las plantas de la farmacéutica para hacerlo.

¿Que por qué el Reino Unido negoció la compra y producción de sus vacunas cuando todavía era un país miembro de la Unión? Eso es otra pequeña historia. En teoría, España, Italia o la diminuta Isla de Malta podrían, como estados, haber negociado cada uno la compra de sus respectivas vacunas. Es algo que se planteó durante unos minutos hasta que la sensatez se impuso y se acordó que Europa negociaría y compraría en bloque. ¿Toda Europa? ¡No! Unas islas pobladas por los irreductibles británicos se negaron a participar en el acuerdo, y empezaron a exhibir la fuerza de su Brexit, que se haría realidad el pasado 1 de enero. Si Reino Unido cerró acuerdos antes es porque no tuvo que negociar con 27 países cómo hacerlo, cosa que sí tuvo que hacer la doctora (en medicina) Ursula Von der Leyen.

Precisamente por eso a AstraZeneca se le impusieron cláusulas como las del contrato: para que el Reino Unido no se aprovechase de la jugarreta de negociar por su cuenta cuando todavía era miembro de la Unión. Que Johnson encima se ría de Europa y afirme que estaría dispuesto a ser caritativo con el continente y cederle las vacunas que le sobren daría para otro artículo sobre cómo va a ser el multilateralismo inglés en los próximos años.

¿Podría Ursula Von der Leyen haber negociado un acuerdo más veloz? Pues seguramente sí, pero entonces el Consejo y los estados miembros se le habrían echado encima por no haber contado con ellos para la política de compra y distribución. La ex ministra de Defensa alemana no tenía excesivo margen para haber hecho las cosas mejor. Lo que Europa tiene que decidir ahora es qué medidas toma contra una farmacéutica a la que no le tiembla el pulso a la hora de negociar (una de las primeras cosas que hizo Soirot cuando alcanzó la dirección ejecutiva de AstraZeneca fue rechazar una oferta de absorción por parte de Pfizer y, en su lugar, gastarse más de 35.000 millones de euros en un ambiicios programa de desarrollo de nuevos medicamentos y adquisición de otras farmacéuticas en todo el planeta).

El tiroteo mexicano tiene ahora tres actores, que podrían convertirse en 31 en breve: AstraZeneca, que cree que ha cumplido con lo que ha podido y que más no puede hacer (hay unascuantas dosis en Estados Unidos que podrían mandarse a Europa, pero necesitarían del permiso de Biden). Inglaterra, que tendría que deshacerse de parte de sus millones de dosis recibidas de forma "injusta", según el contrato europeo. Y la Comisión de Ursula Von der Leyen, que ya ha disparado con el contrato y ha conseguido la promesa de ocho millones de dosis más. Falta por ver cómo reaccionará el Consejo Europeo a la situación y, sobre todo, cuál será la reacción país por país contra la farmacéutica, ahora que las cláusulas han quedado al descubierto.

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