Adriana Abascal y su nueva aventura fashion: "La felicidad es una gimnasia mental"

No es un capricho de millonaria. Lo niega categóricamente con gesto y verbo. Mueve la cabeza a un lado y otro, y sonríe con ironía ante la apreciación de si, como algunas celebridades del cine, la música o la televisión, se olvidará pasada la resaca emocional de una experiencia en el fashion business. Adriana Abascal llega al mundo de la moda para quedarse. Ha fundado una firma de zapatos con los pies en la tierra y objetivos a largo plazo. “Por fin me encuentro conmigo misma”, afirma rotunda a punto de cumplir 50 años.

“Siempre he querido ser como alguien, como Madonna por ejemplo, que me enloquecía. Y ahora quiero ser como soy; me gusta como soy y no deseo cambiar. Por fin me dedico a lo que más me gusta y al sector del que más conocimientos tengo, la moda. Este es un proyecto a largo plazo, no es el capricho de hacer una colección de zapatos y luego, adiós. Es una empresa seria, con un plan de negocio minucioso y unos estándares de calidad muy altos. Y lo único que podría hacerme abandonarlo en el futuro es que el mercado, como ocurre con cualquier empresa, te obligue a ello”.

El proyecto del que habla es Skorpios, la firma de calzado femenino de lujo que ahora presenta en el mercado internacional y en la que llevaba trabajando dos años en silencio.

Skorpios es un proyecto serio, a largo plazo, no el capricho de hacer una colección de zapatos y luego, adiós. Con un plan de negocio minucioso y mucha calidad .

Se ha dejado la piel y en el proceso también ha cambiado de piel: ha experimentado una metamorfosis vital, un renacimiento emocional. “Me he despojado de miedos y dudas; y sé que quiero dedicarme a ello porque siempre he tenido inclinación natural hacia el arte y la moda, son lenguajes que me son afines espontáneamente y que siempre me han atraído porque dicen mucho de la sociedad. Siempre he tenido sensibilidad estética y no sirvo para estar todo el día en un spa. ¡Menudo aburrimiento! En la vida no dejas de crecer nunca, yo quiero seguir aprendiendo, evolucionando y disfrutando de nuevos conocimientos y retos. A mis hijos les digo que hay momentos para divertirse y para relajarse, pero que en la vida hay que pedalear, que no puedes dejar de pedalear nunca”.

Habla con convicción, con aplomo seductor. “Hace muchos años tuve el privilegio de conocer y trabajar con Octavio Paz y siempre tengo presente algo que me dijo: “Lo natural es la muerte; lo extraordinario es la vida. Naces llorando y empieza el jaleo, el esfuerzo, el trabajo… Volverás al estado de paz, al equilibrio, pero en la vida no se puede parar de luchar”. Eso me marcó”.

La vida de Adriana Abascal (Veracruz, México, 1970) es un torbellino de intensidad mediática. Fue chiquilla inquieta, rebelde, de ideas claras, extravagantes a veces, en una familia pudiente mexicana. Se convirtió en Miss México con 18 años y se casó a los 20 con Emilio Azcárraga, todopoderoso dueño de Televisa y 40 años mayor que ella. Enviudó con 27, volvió a casarse tres años después con Juan Villalonga, entonces consejero delegado de Telefónica, tuvo tres hijos y se divorció en 2009. Ha escrito un libro, Una mujer, cada mujer, presentó algunos programas de televisión en México y Estados Unidos, y forma parte del consejo de administración del The Bass Museum, en Miami. Ahora vive en París con su tercer marido, el francés Emmanuel Schreider, sus dos hijos menores, Diego y Jimena, (la mayor, Paulina, estudia en la Universidad de Berkeley, Estados Unidos) y su madre. Y se siente más dichosa que nunca. “El amor es ahora más consciente, más deseado, no soy la misma persona que a los 20 años. Nadie es igual a los 20 que a los 40, los 50… Yo no soy la misma, he aprendido mucho, me conozco mucho mejor, quiero ser mejor y valoro y disfruto más lo que tengo”.

Pero para esta inteligente y vibrante mujer que no atiende a estereotipos y prejuicios, “la felicidad es un tema de percepción –asegura–. No depende tanto de lo que tengas, sino de cómo lo vivas. Siempre eres el rico de alguien, el pobre de alguien… La felicidad es una gimnasia mental. No te llega, te la fabricas, te las construyes tú; y he aprendido a que hay que vivir hoy, aquí, ahora… Hay que ser feliz hoy, aquí ahora, con lo que te da la vida, con las satisfacciones y los problemas. Puedes desfallecer, derrumbarte un momento, pero hay que seguir, luchar mientras vivas, como decía Octavio Paz, y buscarla”.

Nunca ha tenido miedo a hacerlo. Ahora, tampoco. Y en un momento tan complejo económicamente por la situación sociosanitaria que ha provocado la Covid19, lanza la firma Skorpios. Podía haberla retrasado, pero ha continuado adelante. “A veces, en la vida, no se elige el momento. La vida te lo indica y tienes que tomarlo. Hay que ser perseverante con aquello que quieres y llevábamos mucho tiempo preparando el lanzamiento y la colección estaba lista, así que tenía que seguir adelante. Este es un proyecto serio y no había opción de retirarse. Ahora ya estamos ultimando la siguiente colección, la de primavera de 2021, y poniendo en marcha toda la comercialización de esta primera”. En este primer trabajo, Adriana presenta nueve modelos diferentes que incluyen botas, sandalias, mocasines y salones en varios materiales y colores. Es una colección comedida en número, pero muy meditada, rigurosa en calidad y diseño. También en valores.

“Hemos cuidado hasta los detalles más pequeños”, asegura. “Las bolsitas que acompañan los pares de zapatos no son los sacos de gamuza al uso. Hemos hecho una pochette que puedes utilizar como neceser, como pequeño bolsito para ir a la playa o para llevar el ordenador. Vivimos un momento en el que las cosas superfluas no tienen sentido. Las hacemos en México, con comunidades de artesanos indígenas en situaciones desfavorecidas, y van bordadas a mano con distintos lemas. Las cajas son de cartón reciclado, trabajamos con una empresa que tiene un programa de reforestación de bosques. Y los zapatos van envueltos en un papel de seda que lleva impresos todos los nombres de las personas que participan en la compañía, desde el abogado de Madrid con quien registré el nombre de la firma hasta los financieros y los operarios que confeccionan los zapatos en Italia. No es un proyecto en solitario. No es un proyecto caprichoso para alimentar el ego. Hay involucrados muchos grandes profesionales que han puesto su talento, su esfuerzo, su dedicación y toda su entrega y mejor saber hacer para que salga adelante y pueda competir con las mejores firmas de calzado del mundo. Porque queremos estar entre las grandes referencias mundiales, ese es nuestro objetivo. Por esa razón tampoco podía retrasarlo y olvidarme de todas estas personas de las que me he rodeado, que han puesto tanto empeño y de las que aprendo tanto”.

El nombre Skorpios tampoco está elegido al azar. Su signo del zodiaco es escorpión, “un animal enigmático, misterioso, resistente, que incluso puede sobrevivir a la radiación nuclear”, dice. “También porque transporta a todo ese mundo del glamour clásico, atemporal de los años 50 y 60, de Onassis, de Jackie Kennedy; a una elegancia que nunca pasa de moda”. Adriana Abascal no deja las decisiones al azar. “El timón de tu vida no pueden tenerlo las circunstancias o el destino –mantiene–. El timón de mi vida lo llevo yo, y tanto si la vida me lo pone fácil como difícil. Siempre hay que luchar y disfrutar. ¡Si ya estamos aquí, en la vida, nos tiene que cundir el viaje!”. Su viaje, en la moda, acaba de comenzar. Y promete ser largo, muy largo.

*AGRADECIMIENTOS: Meliá Salinas (www.melia.com/es).

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