· EXCLUSIVA · La propietaria de La Finca, Susana García-Cereceda, admite que contrató a Villarejo para espiar a su familia

Ha tenido que confesarlo. Espió a su hermana, su cuñado, su madrastra y al arquitecto Joaquín Torres. Como si de una novela de espías se tratara, la propietaria de La Finca, la exclusiva urbanización de Madrid refugio de estrellas del fútbol y grandes fortunas, Susana García-Cereceda, ha admitido finalmente que contrató al excomisario de policía José Manuel Villarejo para espiar a su hermana pequeña Yolanda García-Cereceda; al exmarido de ésta Jaime Ostos Jr, hijo del conocido torero; a la última mujer de su padre, una de las herederas del imperio de las galletas, Silvia Gómez Cuétara; y al arquitecto que proyectó gran parte de las lujosas casas, Joaquín Torres.

Lo hizo con el objetivo de apropiarse de la herencia de su progenitor, el magnate inmobiliario Luis García Cereceda, fallecido hace una década víctima de un tumor cerebral y cuyo patrimonio asciende a más de 1.000 millones de euros. Es la primera vez que uno de los clientes de Villarejo, hoy en prisión, admite haber contratado al ex policía a sabiendas de que compatibilizaba su cargo de funcionario con el de detective privado y que utilizaba los recursos públicos a los que tenía acceso por su condición de policía para realizar seguimientos de carácter personal e íntimo.

La Fiscalía acusaba a Susana García-Cereceda, a su socio y mano derecha, Francisco Peñalver, y al jefe de seguridad de La Finca, David Fernández, de cohecho, revelación de secreto de empresa y particulares y falsedad documental. Todos han admitido los cargos y la pena del Ministerio Fiscal que rebaja su petición de casi 17 años a menos de dos, por lo que, en principio, no entrarán en prisión. Habrá, en cualquier caso, que esperar al juicio.

Los audios en manos de la Fiscalía eran contundentes: “Seguid a la señora, seguid a Torres a ver si encontramos algo”, le había ordenado la primogénita en julio de 2013 a Villarejo tal y como se puede escuchar en las grabaciones que el ex policía realizó. Para los investigadores, estas y otras pruebas –le intervinieron decenas de informes– prueban que Susana García-Cereceda y su socio Francisco Peñalver desplegaron toda una actuación ilícita para conseguir información relativa la vida personal de los afectados, incluyendo detalles de su vida sexual. Desde su punto de vista, quedaba acreditado que ordenaron al excomisario Villarejo que pinchara los teléfonos de las víctimas, les realizara seguimientos y se informara de los datos más íntimos que pudiera conocer para después emplearlos contra ellos y conseguir una posición de ventaja en la lucha por la herencia.

Para Susana García Cereceda, tanto su hermana Yolanda como Silvia Gómez Cuétara y el arquitecto Joaquín Torres suponían una amenaza por la herencia del padre. Además de Procisa, la entidad responsable de la urbanización de Pozuelo, donde los chalés pueden alcanzar los 40 millones de euros, estaban en juego los terrenos de La Pellejera, refugio de invitados como el expresidente Felipe González o el millonario mexicano Carlos Slim, íntimos del empresario; el restaurante Zalacaín, lugar de reunión de altos cargos socialistas; varias propiedades en el centro de la capital y una casa en Baqueira, entre una larga lista de diversos activos.

Tan importante era para Susana García-Cereceda la lucha por la herencia multimillonaria que llegó a pagarle a Villarejo unos 340.000 euros por sus servicios. Muchos de ellos incluían conocer información íntima de sus familiares. Al fin y al cabo, el entonces comisario ya le había advertido que su especialidad era conocer “los asuntos de cama. Sirven para hacer palanca”. “Hombre, si (ella) tiene un novio, está bien saberlo…”, dejaba caer Susana en otra de sus reuniones con Villarejo. Se refería a Silvia Gómez Cuétara, de 48 años, última mujer de su padre. A Susana García-Cereceda le interesaba conocer en qué situación se encontraba la relación de Silvia Gómez Cuétara con su actual pareja, el empresario Juan Antonio Pérez Simón, amigo íntimo del magnate mexicano Carlos Slim. “Porque si a ella algo le importa ahora mismo es cuidar su relación con el viejo (…) que es el que le da la pasta todos los meses, y al que le está intentando sacar todo y más”.

Villarejo le azuzaba: “Es interesante porque, aun cuando lamentablemente es información aparentemente frívola, pues es una información vulnerable. (…) Es una mujer (…) que ya se siente un poco mayor, y quizá por eso se ha enrollado (…) con un chiquito que todavía no hemos descubierto, pero que sabemos que tiene”. “Es importante saber quién es”, respondía ella al policía.

El comisario no solo investigó a la heredera del imperio de las galletas. Puso también a disposición de Susana García-Cereceda “Doce coches y cinco motos para vigilancia; equipos de audio para grabaciones convencionales o en ambientes hostiles, equipos ópticos y captadores de imágenes en situaciones adversas…”, según le dijo, para espiar al arquitecto Joaquín Torres, quien trabajó a las órdenes de la familia y fue consejero de Procisa entre 2002 y 2009, con el fin de conocer sus “debilidades”, y difundir esta información en medios de comunicación y círculos personales y profesionales. “Existe la posibilidad de detectar movimientos de dinero susceptibles de poder considerarse como blanqueo de capitales. Generar desconcierto o desconfianza entre Torres y su círculo más íntimo con continuas maniobras de intoxicación informativa. Publicar en medios que le afecten emocionalmente”, escribió en uno de sus informes.

Fue el mismo procedimiento que empleó para seguir a la hermana pequeña de Yolanda, Susana García-Cereceda, la otra gran heredera del emporio familiar y su verdadero caballo de batalla. Ya en 2010, tras la muerte de su padre, ambas hermanas se enfrentaron cuando la primogénita solicitó la incapacitación legal de su hermana pequeña alegando que sufría “problemas psicológicos” y que no podía hacerse cargo de la gestión de la fortuna. Fue incapacitada por la Justicia y alejada de sus tres hijos de los que perdió incluso la custodia. Ganó esa batalla: recuperó sus capacidades en 2016.Ahora parece que también ha ganado la guerra.

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