Lo que significa el peinado con ondas que Kate Middleton puso de moda entre las chicas ‘bien’ de Londres y ha copiado Carrie Symonds

Cuando enfocaron el palco presidencial en la semifinal de la Eurocopa entre Inglaterra y Dinamarca hubo que mirar dos veces para confirmar que quien acompañaba al siempre despeinado primer ministro británico Boris Johnson no era Kate Middleton teñida de rubia, sino su mujer Carrie Symonds. Salvo por el tono dorado, lo demás era igual: melena de raya a un lado, volumen en la raíz, alisado en los medios y ondas en la punta, un peinado que la duquesa de Cambridge ha hecho tan reconocible que cuenta con nombre propio en las peluquerías de Londres (el “Chelsea blowout”) y que rápidamente en Twitter se animó a comentar como un pelo que dice “fui capitana de hockey hierba en mi internado”, “poseo 250 pares de medias transparentes” o, en una palabra, “Lacrosse”.

Esta no es la primera vez que las comparan. Aquel vestido floral rosa con el que se estrenó en 10 Downing Street, el anillo de compromiso con zafiro azul de reminiscencias a Diana, el tocado con redecilla que llevó a su primer Remembrance Day, los abrigos de cintura marcada y falda con vuelo, las recatadas blusas románticas. Todos los parecidos en la imagen de Carrie Symonds y Kate Middleton parecen ser demasiados para resultar casualidad, más aún si tenemos en cuenta que hablamos de una maestra en el terreno de la comunicación política como es la mujer de Boris Johnson. Y de la misma manera que el famoso (des)peinado del primer ministro británico no es fruto de ninguna ventolera, tampoco parece serlo la perfecta melena conservadora de Symonds.

Del efecto Kate al ¿fenómeno Carrie?

Si Kate Middleton es uno de los miembros mejor valorados de la realeza británica es gracias a que ha sabido sostener su imagen sobre dos marcas propias: su perpetua sonrisa y su reconocible estilo hacen que en ella nada sea sorpresa y todo resulte coherente. Y aunque la suya es una representación que marca todas las casillas del cliché de la "chica bien" (entiéndase rica y de posición social) británica, hay algo que los ingleses valoran mucho en ella porque les hace sentir muy patriotas: Kate nunca se sale del guión. Su figura resulta predecible en un momento de incertidumbre social, política y económica, algo que puede resultar de lo más reconfortante. Sus femeninos vestidos de falda con vuelo, su manera de mezclar prendas de diseñadores británicos (Alexander McQueen a la cabeza) con marcas asequibles (Zara entre otras), sus abrigos-vestido abotonados, sus guiños a Lady Di, sus tacones medianos y, sí, todas sus medias transparentes hacen de ella un personaje que los británicos conocen, comparten y aceptan como propio. Quizá por ello cada vez que se pone algo se agota de las tiendas. Todas estas claves las parece haber adoptado (y adaptado) Symonds.

En la construcción de esta imagen hay algo clave: su melena. Al igual que muchas otras miembros de casas reales, Kate es poco dada a la experimentación y mantiene un mismo corte, peinado y color a lo largo del tiempo. De la misma manera que Isabel II ha convertido su pelo (que mantiene igual desde hace 70 años) en la corona que no se quita nunca, Kate está haciendo lo propio (versión siglo XXI) con su melena de princesa. Tanto es así que su peinado tiene nombre propio y es muy demandado en las peluquerías de Londres. Se llama Chelsea Blowout y su creador es el superestilista Richard Ward, que ha cuidado del peinado de la duquesa durante más de diez años. En su salón de Kings Road cuesta unos 300 euros y para conseguirlo son necesarios un cepillo redondo de púas naturales de jabalí y dominar una técnica de secado a baja velocidad levantando la raíz. El propio Ward lo explicó en una ocasión en YouTube.

La estudiada transformación de Carrie

Desde que se hizo pública su relación con Boris Johnson (25 años mayor que ella y en pleno proceso de divorcio de su primera mujer durante otros 25, Marina Wheeler, cuando se conoció el romance), Symonds ha cuidado su imagen de millennial conservadora. Ya en 2019 el diario británico The Sun apreciaba los primeros signos de un pulido de imagen en la experta en comunicación: ¿Podría el efecto Carrie convertirse en otro referente del neo-conservadurismo?

Como señalaba el periódico estas ondas más “apropiadas” han sustituido a sus anteriores peinados shaggy (a capas) y también hay un evidente ajuste de color: su rubio es ahora menos estridente y llamativo, y opta por un acabado más sutil, matizado y cálido, el llamado “bronde” tendencia. “Un tono más serio para un papel serio”. En este tiempo Symonds también ha retocado su maquillaje (su tono de labios ya no es de un rojo tan intenso ni su delineador de ojos es ya tan marcado) y ha elegido con cuidado las prendas que viste. Aunque sus vestidos no suelen pasar de las 200 libras (con marcas que también lleva Middleton, como Karen Millen, & Other Stories o Ghost) y sus zapatos son por lo general asequibles (unos 100 euros cuestan los tacones de John Lewis que tantas veces lleva), sí deja una licencia al lujo en sus bolsos (se le suele ver llevando carteras de Hermès o el icónico bolso Saddle de Dior, firma, por cierto, también favorita de Diana de Gales).

Cuestión de pelo en Downing Street

El nuevo peinado de Symonds contrasta con el desmelene tan característico de su marido. Un descuido muy poco descuidado, al parecer. “Una mata rebelde de pelusa rubia”, lo describía The Guardian en 2014 para presentar una entrevista con el entonces futurible primer ministro. Un cabello “alegre, de colegial, un pelo que se niega a ser otra cosa de lo que es”. Un tupé que, en definitiva, te pide que no te lo tomes muy en serio y te dice que la cabeza sobre la que reposa tiene cosas mucho más importantes en las que pensar. “Sospecho que el cabello de Johnson dice mucho sobre él. Sospecho que, de hecho, lo cuida mucho más de lo que está dispuesto a dejar ver”, escribía la periodista Elizabeth Day. De hecho, informaba, en varias ocasiones se ha visto a Johnson despeinarse deliberadamente antes de aparecer en público. No le gusta, al parecer, que se le vea demasiado peinado ni trabajado. Una imagen un tanto atípica para un político atípico como es él, y que funciona como un inteligente reclamo. Preguntado por su rutina de cuidado capilar (a la que responde en la entrevista con una sonora carcajada y una ristra de bromas que le hacen parecer más desenfadado aún), Johnson sabe que si revela la marca de champú que utiliza o cualquier ademán de cuidado personal socavará esa indiferencia tan despreocupada que le interesa proyectar. En una era en la que todos los políticos de traje y corbata a la Tony Blair que podrían ser intercambiables a simple vista, Johnson es percibido como un soplo de aire fresco.

Este cariz antisistema simbolizado en su pelo enmarañado podría resultar desconcertante mirando su trasfondo de élite (educado en Eton y Oxford) y sus posiciones sobre la creación de riqueza, la desigualdad social (un "estímulo" necesario para la actividad económica) y educación selectiva (un "instrumento más poderoso de mejora académica”), pero sin embargo, posee un atractivo que trasciende los parámetros normales. “Es, como Nigel Farage, o en menor medida, Alex Salmond, visto como un extraño excéntrico, un antipolítico, un conversador directo que dice lo que piensa incluso si no es políticamente correcto”, publicaba The Guardian. Y su pelo, desordenado y desgreñado, simboliza este papel.

El pelo de Johnson es tan llamativo que ha dado lugar a numerosas conversaciones en los medios, tanto es así que el pasado febrero, el periodista británico Piers Morgan (quien meses después, en mayo, abandonó su programa de televisión tras sus controvertidas afirmaciones sobre la duquesa de Sussex, Meghan Markle) publicó un tuit con la exclusiva de que Carrie Symonds le había cortado el pelo al primer ministro por primera vez después de que bromeara en antena llamando a su peinado una “crisis nacional”. Quizá por ello Symonds ha decidido presentarse con una melena que nunca dará que hablar.

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