La diferencia entre un champú de 300 euros y otro de 3, explicada por expertos

¿Tres o 300 euros? ¿Cómo puede ser que un producto con una misma finalidad –lavar el cabello– presente tal abismo de precios? ¿Es verdad que gastar más de 30 euros en un champú es tirar el dinero por el desagüe? El boom de los champús hiperespecializados (los hay de lujo, de supermercado, de farmacia, botánicos, personalizados y para todo tipo de necesidades…) pone de manifiesto que elegir un buen champú es tan importante para el cabello como la selección de una buena crema para el rostro, pero también hace algo más confusa la frontera entre lo importante -que sea un buen producto- y lo agradable -pero accesorio, como el aroma, la sensación de espuma o una experiencia más lujosa-. ¿Por qué entonces tótems como Oud Royal Forever Shine Shampoo de Philip B (330,11 euros los 947 ml. en Net-à-Porter) tienen tan buenas valoraciones en internet? ¿Y por qué tantos buenos peluqueros coinciden en utilizar la marca botánica Aveda (con precios de hasta 132 euros por litro de champú)? ¿Cómo saber cuál elegir y cuánto invertir?

Dicen los expertos que la pregunta de qué pedirle a un champú es más importante de lo que parece cuando hablamos de mantener una melena sana y bonita. De si utilizamos o no el adecuado para cada uno dependerán muchas cosas, desde la salud del cuero cabelludo a la fuerza y la velocidad a la que crezca el pelo, e incluso la efectividad de los tratamientos que nos hayamos hecho en el salón. Dos estilistas profesionales y una cosmetóloga responden a las preguntas que todos deberíamos hacernos antes del consabido “lavar y listo”.

103€ los 220 ml. en Isolée.

Qué es lo que hace que un champú sea bueno

“Que limpie el cabello en profundidad y respete su textura natural. Y que además el pelo se vea brillante, sano y fuerte”, nos resume Quique Sánchez, director y fundador de Espacio Q en Madrid. “El champú es, efectivamente, el primer paso para lucir una melena bonita y sana, acompañado eso sí del resto de productos como el acondicionador y la mascarilla”, añade. Según Quique Sánchez (conocido como el “gurú del rubio” en la capital), de poco serviría invertir en tratamientos de la salud del cabello en el salón si después en casa vamos a utilizar un champú de baja calidad: “La verdad, es algo contraproducente, sobre todo si hacemos un tratamiento con productos orgánicos y luego usamos productos químicos en nuestros día a día”. Sería algo así como hacernos tratamientos faciales en una clínica estética para después no limpiar ni hidratar la piel en casa.

La relación entre el champú que elegimos y la belleza de nuestro cabello es algo en lo que coinciden muchos estilistas. Iñaki Ferro, director y fundador de A Contrapelo en San Sebastián, añade algo más: “Siempre que hablamos de champús se tiende a pensar en el cabello, cuando en lo que debemos fijarnos principalmente es en el cuero cabelludo y así utilizar algo específico según las necesidades de cada persona. Esto es más importante de lo que creemos, ya que una mala elección puede causar problemas en el cuero cabelludo que se manifiesten en el momento, o a medio plazo. No elegiría un champú sin el asesoramiento previo de un profesional en el que confíe”.

En esta misma línea se identifica Maribel Sánchez Lavado, experta en Cosmética Dermofarmacéutica y cosmetóloga de la Clínica Dermatológica Internacional: “La base de un pelo bonito y cuidado empieza por un cuidado diario en casa, y esto pasa por dejarnos aconsejar por un experto y utilizar los productos adecuados para cada tipo de cabello. Cuando hablamos de un buen champú nos referimos básicamente a dos cosas, la primera es que sea el adecuado para nuestro tipo de cabello y la segunda es que respete el equilibrio de la piel a la vez que incluya activos para mejorar patologías como caída, dermatitis seborreica, caspa…” Por eso, para esta especialista, lo prioritario a la hora de elegirlo “es su composición, puesto que van a ser los activos incluidos los que proporcionen la acción que nos ayude a mejorar una patología existente. Los champús, acondicionadores o mascarillas son el complemento necesario e imprescindible que acompaña a los distintos tratamientos que podamos realizar tanto a nivel medico como a nivel estético”, asegura.

Los ingredientes que SÍ y los que NO

Al igual que en las cremas faciales, la etiqueta más importante en un champú no es la de su marca ni nombre, sino la que desglosa los ingredientes que contiene. Preguntado por cuáles son los que siempre buscaría en un buen champú, Iñaki Ferro lo tiene claro: “Me fijaría en aquellos que son adecuados al resultado que queremos obtener, y a la tipología de cabello y cuero cabelludo. Es importante que tenga una buena base lavante, como la betaína, por ejemplo, que contienen los champús de Aveda con los que trabajamos (en el salón). Y por otro, me fijaría en que la totalidad de sus ingredientes fuera de origen vegetal y, poder ser, con certificación orgánica”. De hecho, a un buen producto no solo le pide que una alta calidad de formulación, sino también que cuide el medio ambiente: “El envasado y todo el proceso de producción. Desde el principio hasta el fin, incluida la distribución”. ¿Lo que nunca aceptaría? “Derivados del petróleo, parabenos, EDTAs, sulfatos, sulfitos, siliconas no hidrosolubles, fragancias sintéticas y colorantes artificiales”.

132 euros el litro.

En la misma línea de las fórmulas botánicas se mueve Quique Sánchez. “En Espacio Q nos gusta que los champús contengan ingredientes de origen natural provenientes de frutas, árboles, flores… Y, sobre todo, que los ingredientes sean específicos para cada tipo de cabello y que su proceso de elaboración sea respetuoso con el medio ambiente”. Para él es importante que los champús no contengan sulfatos y estén libres de otros componentes químicos, de hecho, en Espacio Q trabajan con Aveda, ya que todos sus productos son de origen natural y orgánico.

“Cada vez más se buscan productos que respeten el equilibrio de nuestra piel y en el caso del cuero cabelludo esto no es distinto, por lo que principalmente debemos evitar productos que incluyan sustancias agresivas o que puedan irritar, como los sulfatos o algunos tipos de parabenos. Este tipo de sustancias no resultan perjudiciales en sí, sin embargo, en determinadas dosis o algunas incluidas en estos grupos puede provocar sensibilidad o reacciones alérgicas”, explica Maribel Sánchez Lavado. “En el otro lado encontramos sustancias suaves o calmantes como determinados aceites, además de aquellas que realmente aportan acción como extractos vegetales o activos desarrollados de forma artificial indicados para tratar determinadas patologías”.

La barrera de los 30 euros

La pregunta de cuánto deberíamos gastar en un buen champú depende de muchos y muy personales factores: ocurre lo mismo con una buena crema, una buena barra de labios, un buen abrigo, un buen perfume o una buena vela. Es algo que marca cada uno. Sin embargo, los especialistas del cabello sí coinciden en algo: la clave es la formulación. “En muchas ocasiones los productos más económicos tienen una concentración menor de activos por lo que suelen ser menos eficaces, sin embargo, sí existe una barrera por encima de la cual el precio deja de estar justificado por la acción aportada, sobre todo en productos que no son de tratamiento: de forma general podríamos fijarla en torno a los 30 euros”, cifra Maribel Sánchez Lavado. Por encima de ahí, “lo que debemos diferenciar es en qué casos el precio está justificado, identificando y analizando la composición”, añade.

“Es una cuestión subjetiva: cada uno pone precio a su cabello. Siempre que un champú se adapte a tus necesidades específicas y que estés convencida de que te funciona, la inversión merece la pena”, opina Quique Sánchez. Eso sí, apunta que aunque el perfume no es lo más importante a la hora de elegir un champú,habitualmente con los más baratos “los olores son olores a goma, artificiales o con perfumes demasiado invasivos”.

“En mi caso personal, tuve la oportunidad de hacerme mi propio champú personalizado, con la marca Cosmetología de Eugene, en los años noventa, y nunca he podido obtener ningún resultado mejor que el que obtuve entonces”, nos cuenta Iñaki Ferro. “Partiendo de ahí, pienso que se puede obtener un buen champú sin dejarse el sueldo, porque sí que he podido comprobar que no siempre el más caro es el mejor, pero casi siempre, el más barato es el peor”, afirma.

En su opinión “si hablamos de formatos de 250ml., no merece la pena invertir 100 euros. Respecto a los champús de 3 euros, solo hay uno con el que me lavaría, en el caso de que tuviera un problema de descamación. La verdad es que no sé si es tan fiable dar un rango de precios, porque hay miles de marcas con importes distintos. Creo me guiaría por el que más se ajuste a mis necesidades y a mis gustos, dentro del presupuesto que tenga. Intentaría elegir el mejor que pudiera pagar”.

¿Cuáles compran los especialistas?

Uno podría pensar que en una buena peluquería hay una especie de armario de champús con muchas marcas diferentes. Sin embargo, los salones más afamados eligen muy cuidadosamente solo una o dos marcas, y adaptan el producto que eligen a las necesidades de cada cliente. El champú que eligen dice tanto de ellos como su técnica de corte o sus productos de color, de ahí que sea tan importante.

Si a Iñaki Ferro le pedimos que nos recomiende su favorito, lo tiene claro: “Sin lugar a dudas, las dos firmas con las que trabajamos en A Contrapelo, Aveda (la firma estadounidense que fundó Horst Rechelbacher inspirado en el ayurveda, la medicina tradicional de la India, y convertida hoy en un icono de los champús de ingredientes naturales) y Oway (una marca italiana que se autodefine como agricosmética, libre de sustancias químicas y con fórmulas ricas en ingredientes naturales), ya que las hemos elegido meticulosamente y creemos que responden a los criterios que consideramos importantes, como el cuidado al cuero cabelludo y cabello, la ética en su producción y el medio ambiente”. Quique Sánchez coincide en la primera: “En Espacio Q confiamos en Aveda, ya que sus productos son de origen natural y orgánico. Están formulados sin parabenos ni sulfato de sodio”.

25€ los 240 ml.

Desde una perspectiva de tratamiento, Maribel Sánchez Lavado nos recomienda otros dos: “Existen multitud de laboratorios con productos de una muy alta calidad, algunos de ellos y con los que estamos trabajando dentro de nuestra unidad capilar en la Clínica Dermatológica Internacional son DS Laboratorios y Olyan Pharma, que presentan una amplia gama de productos para el cuidado del cabello cubriendo desde el cuidado diario a productos de tratamiento más específico”.

85€ los 925 ml.

La espuma: un espejismo

La generación de champús muy espumantes está dando paso a otras fórmulas más centradas en el respeto a la salud del cabello y no tanto en la experiencia. “El mito de que si un champú hace mucha espuma es que lava mejor, es totalmente falso. Si un champú hace mucha espuma indica que contiene sulfatos, un tensioactivo sintético bastante agresivo”, nos explica Quique Sánchez. De ahí que no debamos descartar un producto porque haga menos espuma: “para saber si está siendo efectivo, lo importante es fijarse en el resultado y salud de nuestro cabello a la hora de usarlo.”

Lavado único vs. doble

“Creo en el lavado doble, tanto como en el lavado único. Hay ocasiones en que hay que lavar dos veces, pero también hay casos en que con un lavado es más que suficiente. Lo que hay que valorar es si con un solo lavado el pelo ha quedado suficientemente limpio. Esto va a depender también de la frecuencia de lavado, y el tipo de cuero cabelludo que se tenga. Por otro lado, si en un lavado no podemos retirar todos los residuos, difícilmente el champú podrá tratar el cuero cabelludo, por lo tanto un segundo lavado garantizaría la eficiencia y el efecto tratante del champú”, explica Iñaki Ferro.

La manera en que lavamos el cabello también influye en la efectividad del champú, nos recuerda Maribel Sánchez Lavado: “Debemos hacerlo de forma que no agredamos ni la piel ni el cabello, y que apliquemos cantidad suficiente de producto en toda la superficie. En cuanto a la frecuencia, siempre que sea necesario, no es peor lavar el cabello diariamente si este lo pide, esto no afecta a su calidad ni siquiera en los casos en los que existan problemas de caída o seborrea”.

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