Dime cómo está tu piel después de dormir y te diré qué tratamiento necesitas

Cuando alguien dijo que el rostro era el espejo del alma no pudo estar más acertado. Absolutamente todo lo que ocurre en nuestra vida se refleja en la piel de la cara y una de las cosas más evidentes es el tipo de noche que hemos tenido. El descanso (o la falta de él) se refleja en la tez con bolsas, ojeras y falta de luminosidad, pero no es la única forma en la que delata la mala noche que hemos pasado. Y es que, cada tipo de noche y hasta la forma en la que nos vayamos a dormir afecta a la piel de una forma u otra, por eso, el tratamiento para recuperarla de las consecuencias no puede ser el mismo.

Dormir poco y mal

Todas hemos tenido una noche que hemos pasado en vela mirando al techo, despertándonos cada hora o, directamente, teniendo la sensación de no haber dormido nada. El resultado de esto al día siguiente son unas bolsas y unas ojeras muy marcadas. Pero la falta de sueño hace que la piel amanezca seca y apagada también. Además, suele ser una situación que, cuando ocurre una vez, se suele repetir varias noches seguidas durante una buena temporada.

Aunque no puedas hacer nada para evitar dormir poco y mal, salvo mejorar un poco la situación con algún tipo de infusión, puedes poner el parche antes de la herida. Hidrata mucho la piel justo antes de irte a dormir, incluye en tu rutina de noche ingredientes calmantes como los aceites de flores y frutas y, sobre todo, elige tratamientos que incluyan vitamina E, un potente antioxidante que ayudará a que la piel se recupere aún más por la noche. Por la mañana, el rostro habrá recuperado su jugosidad y brillo.

Estrés

Otra de las causas para no descansar es el estrés. Aunque el resultado es el mismo, es decir, dormir mal y poco, la piel muestra esta falta de sueño de otra manera. El estrés, aunque consigamos dormirnos, sigue estando presente y se manifiesta provocando un exceso de grasa que genera brillos y hace que nos despertemos con granos que han salido, literalmente, de la noche a la mañana.

Reserva la exfoliación a la noche una o dos veces por semana y completa la acción con tónicos y sérums con ácidos salicílicos y/o glicólicos y cremas o mascarillas de acción renovadora y sobre todo los limpiadores, que serán los que eliminen en un primer momento el sebo y la suciedad que lo empeora.

El ácido glicólico ayuda a eliminar las células muertas de la piel y a que esta se regenere, pero también elimina el exceso de sebo reduciendo granos y espinillas. El salicílico, por su parte, tiene acción exfoliante y además seca la grasa.

Falta de aire libre

A pesar de que durmamos a la perfección, aunque lo cierto es que la falta de sueño y el estrés son dos factores que están a la orden del día por la cuarentena, la falta de aire libre hace que la piel no se oxigene correctamente. Esto, durante la noche, provoca que las toxinas no se liberen de la misma forma, provocando congestión. Es una de las razones también para que la piel amanezca apagada.

Dale un extra de luminosidad y frescura con cremas y mascarillas formuladas con ácido hialurónico, que regeneran el colágeno y elastina aportando luminosidad o retinoles veganos como el bakuchiol, que actúan en profundidad durante la noche.




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