Chía, bambú, espirulina… Los superalimentos que tienes que buscar en tus cremas

Jalea real. Sus beneficios son proverbiales. De hecho, ya en la antigua Grecia se consumía para reforzar las defensas del organismo y dar vigor. Por si fuera poco, este ingrediente –compendio de carbohidratos, proteínas, lípidos, vitaminas y minerales– confiere resistencia y vitalidad a la piel.

Chía. Esta semilla es famosa por su alto contenido en vitaminas, minerales y ácidos grasos Omega 3, que ayudan a mantener la producción de colágeno y convierten a este alimento en un potente componente antienvejecimiento. Además, sus antioxidantes frenan la acción dañina de los radicales libre.

Avena. No contener gluten ha aupado a este cereal a lo más alto. Y pese a que en el desayuno hay quien lo ama y quien lo odia, en la cosmética gusta a todos. Cargado de fósforo, magnesio, manganeso, hierro, vitaminas B1, E… es ideal para pieles y cueros cabelludos sensibles por sus efectos suavizantes, calmantes y regenerantes.

Bambú. Esta planta es muy apreciada en Oriente por su gran aporte de fibra, potasio y fósforo. Al ser rica en silicio (un mineral que disminuye en el organismo a medida que cumplimos años) se convierte en un valioso ingrediente rejuvenecedor, al aportar elasticidad a la piel.

Espirulina. Es una de las algas más costosas del mercado. Rica en clorofila y con una gran cantidad de micronutrientes, aporta energía, estimula el sistema inmune y es depurativa. En la piel, devuelve la vitalidad perdida y contribuye a mejorar su estructura.

Bayas de Goji. Estas bayas rojas fueron uno de los primeros superfoods llegados a Occidente y, aunque han sido desplazadas en el top de los supermercados, la cosmética continúa rindiéndoles pleitesía. En China, de donde son originarias, siempre se las ha relacionado con la longevidad y eso es lo que aportan en las cremas: efecto antiedad, gracias a su contenido en antioxidantes. Usadas en productos capilares, reavivan el brillo y preservan el color en los cabellos teñidos.

Camu Camu. Dicen los expertos que este fruto tropical tiene 30 veces más vitamina C que una naranja, así que es fácil hacerse una idea de su poder antioxidante. Por eso es perfecto para luchar contra las líneas de expresión y aportar luminosidad. Además, sus importantes niveles de niacina ayudan a mitigar las manchas del rostro.

Kombucha. La moda de los fermentados ha llegado también a la cosmética. Y es que la acción de levaduras y bacterias bien controladas funcionan como prebióticos no solo en nuestro interior, sino también en lo que se ve por fuera. En la piel actúan mejorando el microbioma natural, afinando su textura y aportando buen tono.


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