Televisión: Trump en las series ‘made in USA’

Lo reconozco, ya me fascinaba el atrevimiento de los guionistas de ‘The good fight’ a la hora de hablar del presidente en activo de los Estados Unidos. No tanto porque pudieran dar una opinión sobre sus políticas como porque se atrevían a insinuar ‘actos inmorales’ o, incluso, posibles delitos.

Este mes, Movistar+ estrena ‘The Comley Rule’, una miniserie de dos capítulos escrita por el ex director del FBI e interpretada por Jeff Daniels. La primera entrega se centra en la investigación de los famosos correos electrónicos de Hillary Clinton; la segunda, de la relación de la agencia con un mandatario que intenta, descaradamente (al menos es lo que nos muestran), cometer una conspiración para librarse de la acusación de estar comprometido por agentes rusos.

La serie emplea recursos como la música de terror para ilustrar las acciones de Trump, al que presentan como un personaje inquietante, peligroso, casi un enfermo mental. El tema de las prostitutas rusas, la lluvia dorada en la misma cama en la que yacieron los Obama en un hotel de Moscú, la intoxicación de las redes sociales de cara a la campaña electoral, los negocios turbios de su familia y allegados…

Todo se presenta ante la sorpresa de un espectador que se pregunta cómo una ficción puede abordar todas estas cuestiones sin temer una querella. A diferencia de otras producciones dedicadas a figuras como Nixon o Kennedy, ‘The Comley Rule’ se estrena a pocos días de las elecciones presidenciales en las que, según los especialistas, se repiten muchas de las estrategias delictivas que llevaron a la derrota de Hillary Clinton. Da un poco de miedo, la verdad.

La hoguera de las vanidades

Desde que nos presentaron a Christopher y a Fanny hasta que vimos al pobre chico por las playas caribeñas al grito de ¡Estefanía!, los espectadores de la primera temporada de ‘La isla de las tentaciones’ tuvimos tiempo para conocerles, ver la evolución del drama y entender la desesperación del muchacho.

Pero la empatía, clave para entender tanto el éxito del formato como el impacto de ese instante, ya no es lo que buscan los nuevos participantes del ‘reality’. Ahora todo parece llevado por la imperiosa necesidad de alcanzar el cénit, y la fama, lo antes posible: desde la primera fogata si es menester. Ya no hay ‘crescendo’ dramático porque todo es un torrente de proposiciones directas que obtienen inmediata respuesta: sin miramientos, sin dudas, sin seducción.

La desesperación de Christopher nos impactó en la recta final de la primera entrega; el semidesmayo histérico de Melyssa provocó risas y memes la primera noche. Desde su estreno, todo ha ido tan rápido que nos preguntamos qué nos depara la final: ¿Orgías? ¿Asesinatos? Bueno, ya sabemos que Rosito, el peluche, está en el punto de mira, así que todo es posible…

La sobredosis de morbo está funcionando en las galas pero ha dejado al debate tiritando, entre otras cosas porque no se comenta tanto lo que acabamos de ver como lo que se supone que ha sucedido al final y que todos saben, salvo nosotros. El debate debe sacar partido a los momentos de cada entrega, creando ‘ránkings’, enfrentando opiniones, analizando, pero no jugando a destripar el final.

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