Por qué ser infanta es -casi- una bendición: los privilegios que tendrá Sofía de Borbón y Ortiz al no ser la heredera al trono español (y estar segunda en la línea de sucesión)

Fue la maldición de la princesa Margarita del Reino Unido. Sus dotes comunicativas y su carácter más social hicieron que soñase durante años con haber nacido antes que su hermana, la reina Isabel II. Sin embargo, la monarquía es clara en este aspecto y solo la primogénita o primogénito de los reyes puede heredar el trono. Un sufrimiento, el de la princesa Margarita, que podría haberse ahorrado si se hubiese centrado en todas las ventajas que su puesto secundario le otorgaban.

Véase, por ejemplo, el reciente caso de la infanta Sofía. El grandísimo revuelo que se formó en torno a la noticia de que su hermana Leonor, princesa de Asturias, estudiará bachillerato en el extranjero es algo que no sucederá en su caso. Como ya pasase con el rey Felipe VI, las revistas siguieron su periplo escolar internacional y analizaron con lupa sus amistades y círculo social. En el caso de las infantas Elena y Cristina, un par de imágenes en sus respectivos primeros días de clase bastaron para que el pueblo tuviese su dosis de cotilleo ‘royal’.

Desde que las hijas de los reyes de España se han convertido en adolescentes, muchos han sido los que han descrito la actitud de la infanta Sofía como “relajada”, “natural” y “cercana”. Una descripción que se aleja un poco de la que conceden a la princesa de Asturias. ¿Por qué? Porque el peso de la futura corona ya ha hecho mella en el carácter y los movimientos públicos de una joven de 15 años que un día deberá de desempeñar el papel de reina de un país: la infanta Leonor.

Así lo dejo claro su madre, la reina Letizia, cuando en una visita oficial a un colegio, una de las alumnas le preguntó a la heredera al trono qué quería ser de mayor. “Qué quiere no, lo que tiene que ser”, se aventuró a corregir la que un día fuese presentadora del telediario. Un papel, el de futura reina, para el que Leonor se está preparando a conciencia. Y lo está haciendo con el inestimable apoyo de su hermana quien, en numerosos eventos sociales oficiales, le muestra su continuo cariño y afecto con gestos y miradas que dejan claro que ambas se adoran.

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Pero como ocurriera con los príncipes Guillermo y Enrique de Inglaterra, es el segundo el que ha podido vivir una vida mucho más alocada, libre e independiente sin que sus consecuencias afectasen a su estatus (hasta que él tomó la decisión de abandonarlo). Porque los efectos de sus errores dañan más la imagen de la corona que la suya propia. Algo que también pasará en el caso de la Casa Real Española. Si Leonor tropieza, lo hace su imagen y la corona. Si lo hace su hermana, el hecho de que ella no será reina, hará que pase más a ser un error a nivel institucional y no tanto personal.

A los no herederos al trono se les perdona todo. O casi todo. Ya nadie recuerda las alocadas escapadas del príncipe Enrique a Las Vegas o el día en el que decidió lucir un disfraz de nazi en una fiesta. Por no hablar del tema matrimonial.

Quien quiera que sea el futuro marido de la infanta Sofía no será sometido al escrutinio público al que se enfrentará el esposo de la princesa Leonor. Porque, de nuevo, este no tendrá que asumir el papel de rey consorte. Así pues, la hermana de la futura reina podrá tener más libertad a la hora de encontrar el amor.

Dicho esto, no quita para que, si las cosas se tuercen, como en el caso de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarín o de la infanta Elena y Jaime de Marichalar, la infanta Sofía se vea desterrada a un exilio mediático. Solo el tiempo dirá qué le espera su vida como segunda a bordo.

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