Meghan Markle habla en la entrevista con Oprah de racismo

La esperada entrevista de Meghan Markle y el príncipe Harry con Oprah Winfrey ha estado a la altura de lo que se esperaba: sincera y llena de declaraciones explosivas capaces de hacer temblar los muros del Palacio de Buckingham. Desde que a la familia real le preocupaba mucho el color de la piel de Archie hasta que Meghan pensó en suicidarse estando embarazada, los duques de Sussex no se han guardado nada en el tintero.

“Hubo preocupaciones y conversaciones sobre lo oscura que podría ser su piel cuando naciera”, ha contado Meghan Markle, en un comentario que ha corroborado Harry aunque no ha querido desvelar quién lo hizo. Durante el embarazo, a ambos les informaron que Archie no tendría título de príncipe y tampoco contaría con seguridad, una bofetada teniendo en cuenta la constante presión mediática a la que ellos se han visto sometidos.

Junto a las acusaciones de racismo a la Familia Real, las declaraciones más llamativas han girado en torno a la salud mental de Meghan Markle. Ella misma ha contado cómo pidió ayuda a la Familia Real e incluso poder internarse en un centro de salud mental para recuperarse, pero no se le permitió por temor a la imagen que se iba a proyectar.

“Tuve pensamientos suicidas constantes y claros”, ha confesado. “Dije que tenía que ir a algún lugar para obtener ayuda. Dije que nunca me había sentido así antes y que necesito ir a algún lado. Y me dijeron que no podía, que no sería bueno para la institución”, a lo que añadió: “No quería estar viva más, era un pensamiento constante muy real y aterrador“.

Al principio quiso evitar decírselo a Harry, pero cuando finalmente lo hizo recibió todo su apoyo. “La familia tiene una mentalidad de ‘esto es lo que es, no se puede cambiar’. No tenía en quién apoyarme”, ha añadido el príncipe Harry, quien también ha hecho alusión a que no quería que se repitiera la historia de su madre, Lady Di, que sufrió depresión y murió en una persecución con los paparazzi en París.

Pero no han sido los únicos temas tratados capaces de levantar polémica. Meghan también ha hablado de su relación con Kate Middleton. Markle ha desmentido que, en la semana previa a su boda, hiciera llorar a Kate, pues fue justo al contrario. “Unos días antes de la boda, estaba molesta por algo relacionado con los vestidos de las damitas de honor, me hizo llorar y realmente hirió mis sentimientos. Pero me trajo flores y una nota pidiendo disculpas. E hizo lo que yo haría si supiera que lastimé a alguien, ¿no? simplemente asumir la responsabilidad por ello”, reveló Markle. La historia que salió a la luz fue la contraria: que Meghan había hecho llorar a Kate.

Para Meghan, este hecho fue un punto de inflexión: “Buckingham sabía que era mentira y nadie dijo nada. Estaba desprotegida. La prensa británica quiere una narrativa en la que haya una heroína y una villana”.

El príncipe Harry abordó también su marcha de Inglaterra, asegurando que se debió a la presión de la prensa y a la falta de apoyo por parte de su familia, aunque aseguró que esta no pilló por sorpresa a su abuela, la reina Isabel II. Para ella, Meghan ha tenido buenas palabras: “Siempre fue estupenda conmigo”, ha dicho, asintiendo a que la relación con ella era fácil. A lo que Harry ha añadido que ella les entiende y habla a menudo con ella.

Con su padre no fue tan fácil, pues Harry se sintió decepcionado porque dejó de coger sus llamadas. Aunque ahora han vuelto a hablar, dice que ha sido muy doloroso. Con su hermano, el príncipe William, la relación tampoco pasa por su mejor momento: “Quiero a William. Él es mi hermano. Hemos pasado juntos por el infierno. Quiero decir, tenemos una experiencia compartida. Pero vamos por caminos diferentes”, reflexionó.

La sinceridad fue, sin duda, la nota dominante del encuentro. Meghan y Harry hablaron a corazón abierto y aprovecharon para poner, también, una nota de optimismo. Harry confirmó que el bebé que esperan es una niña y que nacerá en verano. Y ambos confirmaron que con dos hijos se plantan, que es un buen número.

Sin duda, ahora son felices de poder “vivir una vida auténtica“, como lo ha calificado Meghan Markle, quien asegura que Harry le salvó la vida aceptando mudarse a Los Ángeles.




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