Lourdes León, hija de Madonna: Respeto mucho a Timothée Chalamet. Fuimos ‘como’ pareja. Mi primer novio… o quizá nada

Tras una vida de relativa reclusión, Lourdes María Ciccone León (Los Ángeles, 24 años), la hija mayor de Madonna y del “gurú del fitness” Carlos León, como llama a su padre, es de repente más grande que la vida. Concretamente, mide seis metros en las vallas de Estados Unidos como nuevo rostro de Marc Jacobs. También protagoniza una campaña viral de Stella McCartney y por fin está en Instagram. A través de FaceTime durante una visita a su casa en Los Ángeles, con cameos involuntarios de su madre y de algunos de sus seis hermanos, la bailarina de formación y autoproclamada “latina de Manhattan” es refrescantemente sincera e intencionadamente provocativa con su contradictorio sentido del humor a flor de piel.

Sus amigos la llaman Lola. Empezó a tomar clases de ballet a los tres años (“Mi madre se empeñó cuando vio que tenía potencial”). Le encantan los retos y le gustaría interpretar a la Madre Teresa de Calcuta en una película. Su cena de ensueño incluye “algunas palabras” con los príncipes Felipe y Carlos (a quienes considera “un poco malvados”), pero solo después de pedir consejo a los mejores agentes del caos: Rasputín (“Literalmente, manipuló a la realeza”), Castro (“Cualquiera que haya gobernado un país sería interesante para hablar de esto”) y NeNe Leakes, la estrella del reality Amas de Casa de Atlanta (“No creo que este programa sea un horror para las mujeres. Incluso cuando gritan, me encanta y me relaja”).

Asistió a la Escuela Superior de Música y Arte Fiorello H. LaGuardia en Manhattan, junto a Timothée Chalamet (“Lo respeto mucho, fuimos ‘como’ pareja. Mi primer novio… o quizá nada”) y Ansel Elgort (“Un DJ terrible”). Después de ver su primera gorra con la inscripción “MAGA” (Make American Great Again, en apoyo a Trump) en la Universidad de Michigan, decidió trasladarse al Conservatorio de Danza de la Universidad Estatal de Nueva York, donde las “jornadas de estudio de 10 horas” eran la norma.

Ha sido testigo de extraños regalos enviados a su madre (“Ella espera algo bonito que realmente vaya a usar y recibe un condón de cuero de caballo y una pipa de agua con forma de polla y pelotas”, cortesía de Steven Klein. “Ni siquiera fuma hierba”). Tras un “emotivo” viaje a Cuba en 2016 (“Me parezco a mi abuela, y mis familiares estaban todos alucinando, agarrándome la cara”), espera poder pasar un tiempo en la tierra de su familia paterna. Cuatro años después de debutar como modelo con Stella McCartney, el verano pasado coreografió y codirigió la campaña para la colaboración de McCartney con Adidas, un proyecto bienvenido porque “la época del COVID ha sido muy dura como bailarina”. Conoció a Marc Jacobs cuando tenía 12 años en el plató de la campaña de Louis Vuitton de su madre, y quedó “fascinada con sus tatuajes”.

Hoy encuentra consuelo en la espiritualidad (“La oración es algo que me ayuda mucho. Me encanta la religión y la gente religiosa”). Y ve un cambio en la próxima generación: “Después de la última presidencia, no creo que tenga un solo amigo que no esté deprimido o ansioso”, aunque “ahora nos sentimos unidos y hay un actitud de solidaridad y responsabilidad hacia cualquier persona que no se sienta segura al caminar por la calle”.

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