Letizia volvió a la tiara (y a la capa)

La tiara regresó a palacio. Se había hecho esperar, pero llegó su momento. En la cena de Estado que los Reyes ofrecieron al presidente de la República de Italia, Sergio Mattarella, y su hija, Laura Mattarella, el 16 de noviembre, como motivo de su visita al más alto nivel. Ese fue el momento de la tiara para la Reina. Iba yo pensando en ello camino de palacio.

Asistí en el salón del Trono, en el Palacio Real de Madrid, a la recepción a las autoridades. Los redactores esperamos unos minutos en la antesala. Se oía bullicio. Entramos. Nos colocamos detrás de los gráficos, tras una tarima tapizada de rojo. Justo a la salida del salón, en la esquina de la izquierda.

Mientras esperábamos, Pedro Sánchez, presidente de Gobierno, conversaba con Ander Gil y con Meritxell Batet, que escogió un vestido de color teja y escogió también recoger su cabello rizado. Nadia Calviño optó por el lila. La vicepresidenta hablaba con Carlos Lesmes.
El Salón de Teniers acogió los primeros saludos. Allí se encontraban los Monarcas y el presidente italiano y su hija. Minutos después de las 20:30 el jefe del Estado entró en el salón de Trono. A su derecha caminaba el presidente italiano. Detrás, iban la Reina y Laura Mattarella. El saludo de las autoridades a don Felipe, doña Letizia, Mattarella y su hija fue muy rápido. Había unos 100 invitados. Abrió el saludo Sánchez.

Para un acto de máximo nivel, la Reina confió en la sobriedad máxima de un vestido negro. El vestido llevaba tirantes anchos y escote en caja. Dejaba los brazos a la vista. Eso, los brazos a la vista, contorneados y muy bronceados, fue lo que más me llamó la atención.

Eclipsó todo el look la tiara rusa. La pieza, de diamantes y rematada con unas preciosas perlas, brillaba sobre el negro. Se trata de una joya de pasar que perteneció a María Cristina y que doña María de las Mercedes llevó en muchas ocasiones. La diadema era la gran esperada de la noche: desde 2019, con una pandemia de por medio, no veíamos a doña Letizia con una joya así. También lució la falsa perla Peregrina y el impresionante collar de chatones. Sobre el negro, Letizia lució la Gran Cruz de la Orden del Mérito de la República Italiana. El Rey lució el Gran Cordón de la Orden del Mérito de la República Italiana.

La etiqueta para los invitados marcaba frac con chaleco blanco y pajarita también blanca. La cena de Estado se sirvió en el comedor de gala. A las 20:47 las Puertas del salón del Trono se cerraron y las luces se apagaron. Los medios que estábamos ahí mismo, junto a la puerta, pasamos a la sala de Prensa. Allí me contaron que para el acto se recuperó la mesa Imperial, que es la mesa más grande de palacio. Que no es de un sólo cuerpo, sino que va montada en diferentes tableros. También, que entre los invitados se reservó un espacio mayor para preservar las normas sanitarias. De todo eso me enteré.

En la mesa Imperial, doña Letizia se sentó junto al presidente italiano y el presidente Sánchez. En frente, estaba situado el Rey, junto a Laura Mattarella y Batet. Habló el jefe del Estado en su discurso de la Unión Europea, de las relaciones bilaterales entre ambos países y del esfuerzo por frenar «el deterioro medioambiental”. Dijo el Monarca: “Los años próximos deben ser un periodo de consolidación de las energías limpias y renovables”.

En la mañana del 16 de noviembre, se celebró la bienvenida: a pie de coche y con Honores Militares, los Reyes recibían al mandatario italiano y su hija. Fue en el Patio de la Armería, en el mismo Palacio Real. El acto siguió el guión de la interpretación de los himnos nacionales, la salva de 21 cañonazos y la revisión de las tropas. El jefe del Estado y el presidente italiano pasaron revista a la fuerza. Hubo una parada ante la bandera. Mientras, doña Letizia conversaba con atención con Laura, que ejerció de primera dama. Ambas mostraron gran conexión y simpatía.

Para los actos de día, Letizia compuso un look muy formal, sencillo y efectivo. Vestido de tweed, capa de color piedra de Hugo Boss, salones de Magrit y un bolso de Furla. De todos los elementos del estilismo, el protagonismo se lo llevó la capa, con sus botones XL y su cuello tipo perkins.

Mucho he escrito sobre las capas de Letizia. La capa siempre suma. Es el bonus track de los looks. El invierno pasado sus capas arrebataron el aplauso a vestidos, faldas y pantalones. Tanto, que la capa se convirtió en la pieza clave de sus estilismos de frío. Tanto, que la Reina fue más allá y reinterpretó los abrigos y los convirtió en capas, con el simple golpe de efecto de llevarlos sobre los hombros. Tan sencillo y tan eficaz. Tan visual. Pues este invierno regresó a la capa, con ese aire romántico y femenino. Y este invierno también regresó a la tiara.

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