Las polémicas casas de vacaciones de los “royals”

Costó cuatro millones de euros cuando la compraron en 2012. Tiene 4.000 metros cuadrados, un edificio principal de cuatro plantas y tres viviendas independientes, y sus vistas al Mar Egeo son espectaculares. Tanto los Reyes Guillermo y Máxima como sus tres hijas, Amalia, Ariadna y Alejandra, disfrutan de su piscina, pista de tenis, “jacuzzi” y playa privada con muelle y puerto todos los veranos. Está ubicada en Doroufi, cerca de la localidad de Kranidi, en un paradisiaco paisaje de olivos al sur de Grecia. Los reyes de Holanda se encapricharon de la zona cuando acudieron, dos años antes, a la boda de Nicolás de Grecia y Tatiana Blatnik, en la isla de Spetses. Guillermo visitó el lugar en enero de la mano de una inmobiliaria para conocer varias casas y ésta fue la que más le gustó. Desde entonces, la familia real holandesa pasa allí sus vacaciones de verano, pero también se escapan a ella cuando tiene oportunidad.

La casa, sin embargo, ha planteado muchos problemas a los Reyes. Primero, cuando activistas ecologistas y vecinos denunciaron la construcción del muelle y de un puerto privados, así como una casa supuestamente ilegal para alojar a los guardaespaldas, a pesar de que el gobierno griego había autorizado las obras alegando motivos de seguridad. La inversión en plena crisis económica fue también motivo de polémica.

Pero los problemas han continuado. El último por las vacaciones que pretendía la familia pasar en la casa el pasado mes de septiembre, en plena pandemia, y de las que se vieron obligados a regresar precipitadamente cuando, tanto el Parlamento como la opinión pública internacional, consideraron el viaje inoportuno e insolidario. Los reyes tuvieron que pedir disculpas.

Ya en 2009 vendieron la mansión que se habían construido en Mozambique, en la zona de Machangulo: las informaciones que salieron a la luz, en ese momento, indicaban que una aparte de la casa había sido pagada con dinero procedente del paraíso fiscal de Jersey. Además, los viajes a África y los gastos en seguridad fueron muy criticados porque eran elevadísimos. Así que Guillermo y Máxima tuvieron que vender incluso por debajo del precio de compra –no fue fácil en plena crisis económica– para par fin a la polémica.

Los reyes de Bélgica, siempre discretos, también se han visto envueltos en otro escándalo inmobiliario. Adquirieron una propiedad en la isla de Yeu, situada en el golfo de Vizcaya, en 2019, pero la noticia solo trascendió recientemente. Habitualmente, pasan unos días de vacaciones en el castillo real de Ciergnon, al sur de Bélgica, pero desde hace muchos años, escogen la zona de Yeu para sus días de vacaciones privados. La que han comprado es una casa de apenas 200 metros cuadrados, eso sí, situada en un amplio terreno, pero el foco de los medios se centraró en ella cuando se supo que el rey Alberto solicitó autorización para construir una cabaña para su equipo de seguridad y ésta le fue concedida en agosto de 2020. La autorización ha generado una gran polémica porque se asegura que esta construcción puede quebrantar las normas de protección de la reserva natural en la que está enclavada la casa. La prensa insinuaba incluso que habían tenido trato de favor en un paraje protegido por parte de las autoridades francesas.

Tampoco escapan a la polémica los príncipes Federico y Mary de Dinamarca por culpa del chalet que adquirieron en la exclusiva estación suiza de Verbier. Lo compraron hace 10 años por un millón y medio de euros, que pagaron de su bolsillo. El problema es que las inversiones en el extranjero de la familia real debe autorizarlas el Parlamento danés, que no fue informado. Además, cuando no lo usaban, lo alquilaban, lo cual tampoco está permitido a la familia real, porque se considera hacer negocio. Los príncipes han tenido que comprometerse a no volver a alquilar el chalet. También se supo el año pasado que la pareja había comprado una casa en Francia y que –de nuevo– alquilan regularmente el castillo familiar de Cayx, una construcción medieval rodeada de viñedos, al suroeste de Francia, que Federico recibió en herencia de su padre, el difunto príncipe Enrique.

Andrés de Inglaterra, Duque de York, también se ha visto envuelto en un escándalo inmobiliario. Hace unos meses, se supo que, tanto él como su ex esposa Sarah Ferguson, con la sigue viviendo desde su divorcio, hace 23 años, han sido demandados por el impago en la compra de un chalet situado también en la exclusiva estación suiza de Verbier. El chalet lo adquirieron en 2014, por 20,8 millones de euros. El impago asciende a 7,5 millones de euros. La demanda la ha interpuesto la antigua propietaria: los Duques de York debían de entregar la cantidad final de la compra el 31 de diciembre de 2019. Pensaban llegar a un acuerdo privado con la vendedora, pero ésta decidió demandarles y hacer público el litigio. Los duques intentaban vender el chalet para hacer frente a la deuda e incluso pagar la boda de su hija Beatriz, pero no lo consiguieron.

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