Ginebra para Isabel II y para Carlos, whisky: estas son las razones por las que el príncipe de Inglaterra prefiere el ‘scotch’

Se habla mucho de las diferencias entre los miembros de la familia real británica, pero menos de las afinidades que comparten. La bebida es una de ellas, como queda bien retratado en la serie The Crown y en múltiples libros dedicados a la vida y milagros de un grupo que encabeza Isabel II. A la reina, como a su madre, le gusta la ginebra, que le añade al Dubonnet, una bebida dulce que se emplea normalmente como aperitivo, cuya base es vino y hierbas aromáticas, y a la que la monarca da chispa con un chorrito de gin. Nada más lejos de los gustos de su primogénito, el príncipe Carlos, que prefiere el whisky. Con uno en la mano se le vio ayer en Escocia durante un acto oficial.

Allí no es el príncipe de Gales sino el duque de Rothesay y se lo ofrecieron los responsables del puerto de Lerwick, capital de las islas Shetland, donde el heredero al trono británico inauguró las subastas de pescado de verano.

No trascendió la marca del whisky que le ofrecieron, ni el comentario que hizo reír a los presentes después de que el príncipe, como un auténtico experto, metiera la nariz en la copa y oliera el contenido antes de proceder a degustarlo. No sabemos si fue de su gusto, tan exquisito con la malta como con los abrigos, pero sí que no era su favorito: el Laphroaig 15 Year Old Royal Warrant. A esta marca le otorgó de su propia mano en 1994 la orden de Real que incluye en el nombre de su marca.

La cuestión de por qué no es raro ver al heredero con un whisky en la mano no es frívola ni es ociosa: el primogénito de Isabel II ha sido siempre el miembro de la familia realencargado de promocionar esta bebida y esta zona del país, y ahora con más motivo: desde que falleció su padre, Carlos de Inglaterra es también duque de Edimburgo, capital de Escocia y y una de las cunas de la cobriza bebiza que hace sus delicias.

Por eso, en abril de este mismo año grabó un mensaje para los Keepers of the Quaich, la sociedad internacional que se encarga de producir y promover el consumo de dicha bebida, en el que valoró el impacto económico que el producto tiene en las zonas rurales de Escocia, así como el compromiso que las marcas han adquirido para dar la batalla al cambio climático. Junto a la hostelería y el turismo, dijo el royal, la industria del ‘scotch’ está llamada a ser una de las herramientas para superar la crisis generada por el covid.

Por otro lado, el prínicipe tiene una marca de whisky que vende online y siguiendo todos los preceptos eco, de los que es fiel seguidor: Highgrove Organic Single Malt. Es un gusto, el del whisky, que no comparte con su madre pero sí con una de sus nueras. Varias crónicas y libros atribuyen a Kate Middleton predilección por una marca americana y más asequible que la favorita de su suegro: Jack Daniels. El que seguro no se prueba en las casas de ninguno de los dos es el de una botella por la que los coleccionistas están dispuestos a pagar más de 1.200 libras: el Glenlivet 25 Year Old Royal Wedding Reserve, edición especial de un scotch lanzado con motivo de la boda de Carlos con Diana Spencer.

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