Federico de Dinamarca: la casa secreta del príncipe ‘turbo’

El plan parecía perfecto pero ha acabado por meter a Federico y Mary de Dinamarca en un buen lío. La idea era llevar a sus cuatro hijos a un exclusivo colegio suizo los próximos meses. La madre viviría con ellos en la casa que la familia tiene en la zona mientras el padre estaría yendo y viniendo para no desatender sus obligaciones.

Lástima que, al comunicárselo a la prensa, metieran la pata y dejaran al descubierto un secreto embarazoso. Nos referimos a esa casa, comprada hace diez años por millón y medio de euros, y de la que nadie conocía su existencia, lo que va en contra de las leyes danesas. Y es que, los miembros de la familia real no pueden gastar en el extranjero ni un céntimo de su asignación —casi tres millones de euros en el caso de los herederos— sin permiso del gobierno.

La historia se complica más porque la pareja ha estado alquilando la residencia, situada en Verbier, un enclave perfecto para los aficionados al esquí. Entre 4.000 y 11.000 euros semanales se han podido embolsar, sin pagar impuestos y sin tener en cuenta que les está prohibido hacer negocios. Aunque aseguran, dedicaron ese dinero a pagar la casa y a su mantenimiento.

Y el tema podría ir más lejos, ya que se ha sabido ahora que la pareja tiene otra propiedad en Francia y el padre de él, el difunto príncipe Enrique, también habría alquilado el castillo de Cayx, que heredó de su familia.

Con lo tranquilo que parecía todo en la corte, donde hasta la reina Margarita podría haber encontrado de nuevo el amor junto a un conde sueco. Pero no. Han vuelto los escándalos. Como en la turbulenta juventud del heredero, cuando le llamaban el ‘Príncipe Turbo’ por lo mucho que le gustaba vivir deprisa. “Vi que mi vida se apagaba y que pronto tendría que comportarme como un adulto. Fue muy incómodo”, contó Federico en 2018 sobre lo mucho que le costó asumir que algún día tendría que reinar. Y optó por divertirse.

En 1992, la policía pilla a su novia, la modelo Malou Aamund, conduciendo borracha y sin carné. Él viaja en el asiento del copiloto. Los más exaltados piden que renuncie a sus derechos sucesorios y su madre le manda a estudiar a Estados Unidos. Su siguiente novia fue también modelo, pero de lencería. Se llamaba Katja Storkholm y hay quien dice que fue su auténtico amor. También que el príncipe le pidió que se casaran, pero su madre lo impidió.

Tampoco aceptaron a la cantante Maria Montell, con la que incluso llegó a vivir. Ni a Bettina Ödum, a la que unos fotógrafos pillaron en toples. Menos mal que por fin apareció Mary Donaldson y con ella sí consiguió casarse, y sentar la cabeza. O más o menos. Porque de vez en cuando vuelve a liarla. Como en 2004, cuando le fotografiaron algo bebido y orinando contra un coche. O en 2015, cuando tuvo que disculparse por cruzar un puente cerrado al tráfico. O en 2017, cuando le impidieron entrar en un local nocturno porque no llevaba la documentación encima.

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