Dakota Johnson: No soy muy quisquillosa con respecto a la manera en la que trabajo. Lo soy con la calidad

Cuando Dakota Johnson salió rumbo a Grecia para rodar The Lost Daughter (La hija oscura en España), el debut como directora de Maggie Gyllenhaal, todavía no era consciente de lo mucho que cambiaría su vida aquel año. Unos meses antes, la prolífica actriz que sigue siendo conocida por protagonizar la franquicia de Cincuenta sombras de Grey, fue testigo de cómo varios proyectos que la entusiasmaban se aplazaban debido a la Covid, mientras que otros seguían gestándose. Para cuando al fin comenzó el rodaje de Lost Daughter en septiembre de aquel año en la isla griega de Spetses, la agenda de Johnson ya estaba completa: continuó trabajando en otros tres proyectos, sin parar, a lo largo de 12 meses enteros.

Por suerte, comenzó la maratón con esta película. Johnson, de 31 años, me lo cuenta desde el lujoso apartamento en el que se aloja en Telluride (donde la película acaba de estrenarse en los Estados Unidos): The Lost Daughter ha desbloqueado algo dentro de ella, se abre un nuevo camino artístico por delante, una nueva ventana a su potencial. Desde Cincuenta sombras ha rodado películas indie como Cegados por el sol y La familia que tú eliges, pero es ahora cuando está recibiendo las mejores críticas de su carrera gracias a la compleja interpretación que aporta en el retrato intachable de la maternidad firmado por Gyllenhaal. En él, Johnson interpreta a Nina, una joven madre de vacaciones junto a su familia, y objeto de fascinación de la protagonista, Leda (Olivia Colman). A medida que se va desarrollando la historia de Lost Daughter, Leda y Nina van construyendo un vínculo tenue y delicado que acaba precipitándose hacia un final tan sorprendente como intenso.

Mantengo una breve conversación con Johnson el mismo día en que llega a Telluride volando desde Venecia, donde la película se estrenó a nivel mundial, en una bienvenida a los cineastas completamente a rebosar; parece seguir procesando la enorme importancia de este proyecto para ella, en especial ahora que la cinta empieza a sonar con fuerza de cara a la temporada de premios, incluida su actuación. Venir aquí tras un año de trabajo sin pausa supone estar al fin en posición de reflexionar y pensar en qué será lo siguiente. Al día siguiente nos sentamos para conversar sobre aquello y sobre muchas otras cosas.

Ayer me mencionaste lo importante que fue para ti la experiencia de rodar esta película. Así que quiero empezar con una gran pregunta: ¿Qué significa para ti este proyecto, este papel, en este momento de tu carrera?
Maggie me permitió tener esta oportunidad y ejerció de guía a la hora de profundizar en mi arte, en mí misma y en mi trabajo. Ayer me preguntó qué me parecía la película y me dijo “¿Estás contenta?” y yo respondí “No, me siento honrada”. Estoy asombrada por su trabajo y por las actuaciones en esta película. Es francamente honesta y una perspectiva cruda y muy veraz de la maternidad y del hecho de ser mujer.

Me sentí de manera muy similar a como se siente Nina en la película, tan hambrienta y sedienta de experiencias nuevas y de ser valorada, de no ser simplemente la chica guapa en la playa. Quiere más. Quiere hincarle el diente a algo que pueda saciar este hambre que anida en su mente. Me siento así a menudo en mi carrera. En plan, ¿cómo podría ser mejor que lo que tengo? Quiero algo más profundo y oscuro, más real y honesto. Siento que sin duda lo conseguí con esta película.

¿Hablaste con Maggie una vez dentro del proyecto sobre que querías hacer algo así?
Sí. Y además no hay nada como plantear preguntas para entender de veras cómo es alguien, y eso es lo que Maggie hace. Creo que lo vio, quizás antes de que yo lo viese dentro de mí. Fue algo mutuo: profundicemos juntas.

¿Crees que eso se debe en parte a que ella sea actriz? Has trabajado con una gran variedad de directores, y resulta interesante que sea precisamente ella quien desbloquee algo así dentro de ti.
Sí, creo que sí. Hubo un nivel de comprensión y de confianza que yo tenía porque sabía que sabe cómo se siente una cuando no se siente apreciada ni comprendida. Sabe lo que es que no te traten con cuidado y con delicadeza… el hecho de que sea actriz supone, por supuesto, una gran parte de los motivos por los que es increíble trabajar con ella. Sobre todo porque tiene la mentalidad de una directora, pero también la mentalidad emocional de una actriz, de alguien que sabe cómo meterse dentro de algo, cómo introducirse en el cerebro de alguien.

¿Cómo hablasteis las dos sobre el personaje de Nina? En especial porque creo que, tanto en el libro como en la película, se trata de un personaje enigmático y complejo durante la mayor parte de la historia.
Cuando Maggie y yo empezamos a trabajar con Nina le pregunté si debería leer la novela y me respondió algo del estilo de “casi mejor no la leas” [se ríe]. Estuve a punto de hacerlo porque al fin y al cabo estás tomando la obra de un artista y llevándola más allá. Estás contribuyendo a que crezca incluso más… quiero hacer que esta Nina sea totalmente real, auténtica y sin adulterar. Se le ha privado de ser reconocida como ser humano, como persona con alma y mente propias. Y resulta devastador, pero además lo está intentando — y eso también es devastador. Quise que Maggie me guiara. No se trata simplemente de trasladar el libro a la pantalla. Se trata de alguien que recibe la obra de otra persona y a quien le conmueve profundamente. Así es como pueden compartir ese sentimiento con el resto del mundo.

Parece tener vida propia eso también se puede observar en las actuaciones. Así que te fuiste a Grecia para rodar teniendo este guion tan estimulante entre manos. ¿Cómo te sentiste cuando empezaste a rodar y fuiste encontrando tus propios ritmos?
A ver, todo esto de rodar películas estando la Covid resulta diferente, y es difícil y deprimente. He hecho cuatro películas así y ha sido la hostia de duro.

Madre mía.
Ya lo superaré. Cuando fuimos a Grecia, eso sí, todo el mundo tuvo que estar en cuarentena durante el tiempo que fuese, dos semanas o algo así. Y después estuvimos en una burbuja. Olivia y yo [el elenco] pasábamos juntas todo el tiempo, así que no me sentí en plan “Dios mío, es el primer día del cole”. Cenábamos, comíamos y lo hacíamos todo juntas cada día y luego nos tomábamos algo por la noche. Y éramos como una pequeña familia. No dimos ni un positivo en Covid. No tuvimos que parar ni una vez. Lo cual es muy inusual.

Vale, pasemos a la parte dura. Me interesa.
Ok. Rodar una película ya de por sí te aísla porque en el lugar en que se rueda y no siempre tienes tiempo de salir por ahí, o bien trabajas hasta muy tarde. Estás buena parte del tiempo sola con tus pensamientos y pasas el día sintiéndote muy vulnerable. Lo que mitiga ese aislamiento es la camaradería que tienes con el equipo en el rodaje, las bromas, en fin, las chorradas más tontas. Y ahora no tienes eso. Ni siquiera puedes verle la cara a nadie. No sabes si te están sonriendo, o si hiciste una toma y pudiste ver cómo le llegó a alguien. Incluso con el director o directora, solo puedes verles los ojos y a veces los ojos no conectan con la boca. Me he dado cuenta de que todo eso me hace sentir, mucho, muchísimo más vulnerable y al límite.

Y has rodado cuatro películas seguidas en esas condiciones. ¿Cómo ha sido la experiencia?
Ha sido genial y una salvajada. Se ha dado así porque (y más aún en tiempos de Covid) resulta muy difícil conseguir un hueco… rodamos Lost Daughter de septiembre a octubre del año pasado, hace más o menos un año. Después hice una película dirigida por Tig Notaro y su mujer, Stephanie Allen, llamada Am I Okay?, más adelante Persuasión [de Netflix]. Y por último mi productora rodó una película llamada Cha Cha Real Smooth.

Cooper Raiff escribió el guion de Cha Cha. Nos conocimos cuando yo estaba en Grecia por el rodaje de Lost Daughter, en realidad nos vimos por Zoom. Vi su película [Shithouse] y le dije “¿Qué es lo que quieres hacer?”. Y él respondió: “Bueno, tengo una idea, la película se llama Cha Cha Real Smooth”. Se puso a escribirla y desarrollamos a lo bestia a partir de ahí, intercambiando notas durante todo el año. Después empezamos a prepararnos enPittsburgh y mi socia ya estaba ahí mientras yo rodaba Persuasión en Inglaterra, y después de aquello básicamente fui directa a Pittsburgh.

¿Resulta estimulante (y tal vez agotador) hacer tantas cosas tan seguidas? ¿Te gusta esa manera de trabajar?
Si es lo que toca hacer ahora, entonces es lo que estoy haciendo y eso es genial. No soy muy quisquillosa con respecto a la manera en la que trabajo. Lo soy con la calidad. Llegué a Pittsburgh cansada, hambrienta y muy delgada, y aquello funcionó bien de cara al papel. Fue en plan “utilicemos esto, no pasa nada”. No sé. Siento que esto es todo lo que quiero hacer y justo está sucediendo ahora mismo. Así que voy a seguir haciéndolo.

Así que Lost Daughter fue lo primero que hiciste desde que la Covid lo paró todo en marzo de 2020, ¿verdad?
Eso creo.

Te lo pregunto por lo que dijiste al principio, aquello de que la película desbloqueó algo dentro de ti. ¿Al acabar de rodarla sentiste que estabas en un nuevo territorio para ti como artista, como actriz, antes de lanzarte a trabajar por un año entero?
Sí. Después de eso soy una mujer nueva. Volví sintiendo que me había desprendido de algunas cosas y me había permitido convertirme en algo distinto.

Cuando hablé con Maggie el mes pasado, me dijo que aquello también supuso una gran parte de su experiencia con esta película. Lo expresó como si fuese algo que llevaba tiempo gestándose dentro de ella, desde mucho antes de hacer la película. ¿Hubo algún tipo de conexión en términos de experiencia común entre vosotras?
Desde luego. Sin duda, tanto en mi caso como en el de Maggie, cuando eres una mujer y cumples los 30 tienes que permitir que suceda algo, si es que así lo quieres. No tienes por qué, pero si te interesa profundizar un poquito más llega el momento de decir, vale, dejaré atrás a la doncella o a quienquiera que sea. En ese sentido ella fue mi pastora. Es como si las dos nos hubiésemos liberado de algo. Yo sé lo que supone en mi caso y ella en el suyo. Es ese tipo de miedo que tienes cuando dispones del potencial para poder hacer cosas pero te preguntas si saldrán bien. Todos esos pensamientos que obstaculizan y dan al traste con tu habilidad para ser la versión más fuerte, brillante y prolífica de ti misma. Creo que es muy liberador cuando se trabaja con alguien que está viviendo eso y tú puedes vivirlo estando en sus manos. Aquello fue muy especial.

Artículo original publicado por Vanity Fair USA y traducido por Darío Gael Blanco. Acceda al original aquí.

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