Christina Rapado: "Mi prima, Pilar Rubio, se avergüenza de mí"

Christina Rapado fue uno de los personajes imprescindibles de la década de los 2000. Su lengua afilada y una personalidad dispuesta a todo por la fama le hicieron codearse con lo más selecto del mundo del corazón.

Subió a los cielos, pero también conoció el infierno. Tras años desaparecida del ojo publico, vuelve más fuerte que nunca en una entrevista exclusiva para ‘Hoy Corazón’.

Hoy Corazón ¿Qué le queda de aquella etapa de locura y desfase?

Christina Rapado Muy poco. Afortunadamente el tiempo me ha ayudado a cambiar hábitos que me perjudicaban y a reorganizar mis amistades. Cuando no tienes un foco alumbrándote la gente que estaba en los mejores tiempos, desaparece. Incluso los famosos con los que tenía relación. Mi vida es otra.

H. C. ¿A qué se dedica ahora?

C. R. Sigo siendo artista. Canto, bailo, entretengo… soy una mujer multidisciplinar que ha conseguido vivir bien porque invertí todo lo que gané en ladrillo. Aunque ahora vivo en una casita que compré y reformé en Torrevieja, sigo conservando mi adosado de Boadilla del Monte.

H. C. ¿Tanto ganó en su época dorada?

C. R. Muchísimo. Cantidades astronómicas, puede que unos 600.000 euros en la época más fuerte. Durante años solo aparecíamos en televisión Isabel Pantoja y yo. Y ella no hablaba, así que todo me lo embolsaba yo. Llegué a hacer dobletes en discotecas en las que podían pagarte 2.000 euros. Fue un disparate, aunque también me hizo ganar enemigos. Incluso en mi propia familia.

H. C. ¿A quién te refieres?

C. R. A mi prima segunda, Pilar Rubio. Poca gente lo sabe, pero somos familia y nos criamos juntas. Éramos uña y carne, hacíamos las coreografías de George Michael y compartíamos todo, incluso aficiones. Sin embargo, ella se avergüenza de mí y me duele muchísimo. Me ha hecho muchos desplantes que no logro asimilar.

H. C. ¿Cómo cuales?

C. R. El último y quizás el más sangrante fue no invitarme a la boda. No tanto por mí, sino por mis padres. Ellos fueron un gran apoyo para ella, pero se le ha debido olvidar. No quiere saber nada de nosotros, como si no existiéramos. Sinceramente, creo que merecemos otro trato, no soy ninguna apestada.

H. C. ¿Cuándo rompieron su relación?

C. R. Desde niñas éramos una pareja de dos. Estábamos súper compenetradas aunque la genética fue muy caprichosa: a ella la hizo mona, con unos ojos que se le salían de la cara y yo era muy simpática. En la adolescencia empezamos a tomar caminos diferentes y cuando empecé en televisión todo cambió.

Pilar rubio no quiere saber nada de nosotros. No soy ninguna apestada”

H. C. ¿Se ha transformado mucho Pilar desde que es tan famosa?

C. R. En sus inicios como reportera de ‘Se lo que hicisteis’ me buscaba por los eventos. Me decía «prima, ayúdame a entrar aquí o allí», pero cuando soltó el micrófono y pasó a ser presentadora se le olvidó quien era yo y todo lo que habíamos vivido. Incluso me prohibió hablar de ella. 

H. C. ¿Cómo fue ese momento?

C. R. Un día se me ocurrió comentarle a un periodista que éramos familia. Su madre llamó a la mía y le dijo que no volviera a hablar de ella, que teníamos carreras diferentes, y eso me pareció muy desagradable. Aún así, me gustaría volver a saber de ella. No somos tan diferentes, además las dos hemos estado con futbolistas de primera división.

H. C. ¿Le ha llamado o han tenido algún encuentro fortuito?

C. R. Le he escrito algunos mensajes, pero nunca me ha respondido. Nos vimos en un evento hace un par de años. Su reacción fue incomprensible: me miró y se dio la vuelta. Me dejó destrozada y necesité el apoyo de mis amigos para digerir ese desplante.

H. C. La trayectoria televisiva de Christina Rapado siempre ha ido unida a la polémica. Una de las más sonadas fue la relación que tuvo con Camilín, el hijo de Camilo Sesto. ¿Qué le pareció el grito de auxilio de su madre en nuestra revista?

C. R. Me sorprendió mucho porque Lourdes sabe que todo esto no es nuevo. Camilo necesita ayuda profesional y no una madre que vaya explicando al mundo lo que le pasa a su hijo.

H. C. ¿Está tan mal como parece?

C. R. Realmente sí. Yo tengo mucho miedo de que un día amanezcamos con una noticia muy triste. O pone remedio pronto o puede que no salga de esto. En cualquier caso, los motivos que tiene para estar en un mundo así no son repentinos.

Lydia Lozano quería ocupar mi lugar, intentó incendiar mi historia con Camilo

H. C. Insiste en la temporalidad, ¿cuándo empezó a torcerse?

C. R. No ha tenido una vida fácil. Le ha faltado el cariño de sus padres. Y mucha vigilancia. Quizás ha tenido acceso a todo lo prohibido de forma muy fácil, no tenía que preocuparse demasiado. Ha visto y vivido escenas y situaciones que son muy difíciles de soportar. Yo era su paño de lágrimas y también su compañera de fiesta.

H. C. Tenía entendido que hubo más que amistad y lágrimas entre ustedes…

C. R. Fuimos una pareja extraña. Nos lo pasábamos muy bien, teníamos buen sexo y nos reíamos mucho. Como amante, Camilo es superdotado, muy cariñoso y tremendamente pasional. Cuando está normal, sin toxicidad de por medio, es muy elegante y maravilloso.

H. C. Hace unos días te vimos en ‘Arusitys Prime’ (Antena 3) y dijo que era guardiana de muchos secretos, ¿cuánto hay de mito en todo esto?

C. R. Si yo contara todo lo que sé, me echarían de España. Camilo Sesto decía que yo no era una buena influencia para su hijo, pero habría que preguntarse si él lo fue. El niño me decía cosas terribles de él, quizás no le perdonaba muchos de los episodios vividos. Con su madre era también muy beligerante, en realidad estaba solo. Y lo sigue estando.

H. C. ¿Ha vuelto a saber de él?

C. R. Me llamó con número oculto hace unas semanas para pedirme que no volviera a hablar de él. A mí lo que me gustaría es verle, ser su sombra e impedir que tenga un desenlace triste. Quiero retomar lo que tuvimos pero sin ningún tipo de pretensión. Le quise y le quiero mucho.

H. C. ¿Y qué piensa hacer para lograrlo?

C. R. Estas navidades voy a ir a Madrid a reunirme con mi familia y pienso ir a Torrelodones a buscarle. No se va a enterar nadie, pero quiero intentar tenderle mi mano. Nuestra relación habría continuado de no ser por la inquina de gente que solo quería sacar beneficio propio.

H. C. ¿Se refiere a alguien en concreto?

C. R. Sí, ya me he cansado de estar callada. Me refiero principalmente a Lydia Lozano. Ella va de amiguísima cuando es un cero a la izquierda. Nunca, jamás, se hablaba bien de ella ni en ese sentido. Quiso ser cabeza de cartel, pero era una segundona. Es más, cuando Camilo se ponía mal y se descontrolaba, la que corría a buscarle era yo. Eso molestaba mucho a Lydia porque quería ocupar mi lugar. Intentó incendiar nuestra historia y aunque la quemó, todavía quedan brasas.

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