Alfonso de Hohenlohe, el príncipe que inventó la jet set, llenó Marbella de ricos y famosos y construyó el único hotel en el que Elizabeth Taylor se atrevía a hacer topless

Cuando nació Alfonso de Hohenlohe-Langerburg en 1924 nada hacía presagiar que de ese bebé descendería la heredera que protagonizaría la primera boda gay de la aristocracia europea. Alfonso de Hohenlohe, que tenía como padre a un príncipe de ascendencia alemana, a una marquesa hija de un embajador y de padrinos a los reyes de España Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg, vino al mundo para que su familia empezara a romper moldes.

Él, por su parte, lo conseguiría convirtiéndose en el precursor del turismo en la Costa del Sol española.. y cómo no, de Marbella, a la que convirtió en el refugio de los ricos y famosos del momento. Mientras las familias bien españolas huían a lugares como Santander o Biarritz para pasar sus vacaciones, Alfonso de Hohenlohe creó en su Marbella Club un paraísoen el que recalaba la jet set: una combinación salvaje de aristócratas, grandes fortunas, personajes variopintos y estrellas de Hollywood que lo mismo hacían capeas que tomaban el sol en top less.

Cómo nació el Marbella Club, el refugio salvaje de las estrellas de Hollywood

La idea de empezar a adquirir terrenos en Marbella no surgió en la mente de Alfonso de Hohenlohe hasta 1947, cuando su tío le sugirió invertir en la costa malagueña. En aquel momento el príncipe estaba instalado en América y decidió invertir los beneficios adquiridos de sus otros negocios en un pueblo de pescadores de apenas 900 habitantes.

En 1954 su patrimonio y su esfuerzo se cristalizó en el Marbella Club: un hotel inspirado en los moteles estadounidenses y ubicado en la finca familiar con acceso al mar en la que se construyeron tan solo 20 habitaciones pero que prometían un servicio a la medida del cliente, aunque un tanto rústico que incluía llevarte en burro hasta la orilla del mar, comer huevos fritos y fanta naranja en la playa y asistir a tres fiestas temáticas con disfraces a la semana.

La combinación playera de buen tiempo, intimidad y posibilidad de convivir con príncipes europeos (tanto Alfonso de Hohenlohe como su mujer Ira Von Fürstenberg lo eran) sedujo a los más ricos y a las más bellas de la época, desde los Rothschild a Brigitte Bardot, Kim Novak, Ava Gadner…. incluyendo a una Elizabeth Taylor ochentera que llegó al hotel dispuesta a inaugurar una discoteca y, de paso, dar valiosas lecciones de vida.

La actriz se hospedó en el Marbella Club en 1986 y ni corta ni perezosa tomó el sol sin la parte de arriba del bikini. A pesar de que el hotel era famoso por ser un refugio privado, el top less fue captado por un paparazzi que intentó venderle las fotos a la propia actriz para evitar el escándalo. Tras ver las imágenes Elizabeth Taylor le dio sus bendiciones para que las publicara donde le viniera en gana: la actriz tenía ya 54 años pero se veía estupenda en top less.

Alfonso de Hohenlohe, el príncipe empresario que fracasó en el amor

El príncipe Olé-olé (como le llamaban en Málaga porque le tenían cariño… y lo de Hohenlohe se les hacía difícil de pronunciar), se convirtió en uno de los grandes inversores inmobiliarios de la Costa del Sol. Pero su suerte en los negocios no vino acompañada de suerte en su vida personal..

A los 30 años se quedó prendado de la “princesa de los ojos de fuego”, una hermosa y muy joven Ira Von Fürstenberg. Cuando se casaron en Venecia en 1955 ella apenas tenía 15 años y él le doblaba la edad. La boda fue el acontecimiento social del año y su separación y posterior anulación de su matrimonio el escándalo de la década. Tras cinco años de matrimonio y dos hijos en común Ira abandonó al príncipe para huir a Brasil con un playboy.

Alfonso de Hohenlohe lo intentó todo para superar la ruptura, desde perseguir a la pareja hasta México a consolarse en los brazos de Ava Gardner, pero nada impidió que empezara los 60 soltero (conseguiría la nulidad de su matrimonio en 1969). Tardaría más de una década en volver a casarse y lo hizo en Las Vegas con la actriz y modelo Jocelyn “Jackie” Lane, una belleza comparable a la de Brigitte Bardot 23 años menor que él que podía presumir de haber estado en los brazos de Elvis Presley (al menos en la película que rodaron juntos) y con la que tuvo a su hija. Pero el matrimonio se fue al traste en 1985.

Mucho duraron si tenemos en cuenta que en 1980 nació otra princesa, Désirée von Hohenlohe, fruto de la relación extramatrimonial de Alfonso de Hohenlohe con la modelo Heidi Balzer. No obstante aún le quedaron ganas de pasar de nuevo por la vicaría y en 1991 se casó con Marilys Healing, la mujer que prefería la vida en el campo antes que las juergas nocturnas y por la que el príncipe se retiró de la fiesta para vivir en su finca con viñedos de Ronda. Este matrimonio tampoco tendría final feliz: ella apareció muerta en el dormitorio de la finca Las Monjas en el 2000.

Fuente: Leer Artículo Completo