10 famosos que en 2020 han hecho cosas que nadie se esperaba en la política, el amor y las redes

Aunque la pandemia disparada por el coronavirus covid-19 ha monopolizado la actualidad y la viralidad, ha habido tiempo para más. A lo largo de este año interrumpido por el confinamiento, algunos hombres nos han sorprendido con declaraciones y decisiones que nos han dejado maravillosamente perplejas. De hecho, gracias a ellos en este 2020 hemos podido ampliar los umbrales de la sorpresa en varios grados. Por ejemplo, ya no nos asombrará que se rompa el matrimonio más perfecto gracias a Enrique Ponce y su romance adolescente con Ana Soria. Sus besos y arrumacos nos han devuelto la fe en el amor, del amor entre señores en toda regla y estudiantes veinteañeras.

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Una (@alemdergisi)

No solo Enrique Ponce conmovió los mismos cimientos de lo que llamábamos amor. También Brad Pitt demostró que sigue siendo el dueño de las fantasías de medio mundo. Hubo un suspiro global ante su esperadísimo encuentro con Jennifer Aniston, la mujer de la que jamás debió separarse, según los fans de ‘Friends’. Y hubo un ‘oh’ planetario al saberse que mantenía una relación poliamorosa con la modelo Nicole Potualski (27 años), a la sazón casada con un señor de 68 años. De nuevo el señor cincuentón y la veinteañera como ‘leiimotiv’ romántico del año.

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Menos mal que siempre tenemos un príncipe a mano para retomar el cuento romántico tal y como lo conocíamos. El príncipe Harry, hoy lo sabemos, decidió abandonar la Casa Windsor y perder sus privilegios como miembro de la Familia Real británica por amor. Y, también, por aburrimiento. A su ‘royal highness’ se le juntó todo: los problemas de integración de Meghan Markle, el acoso de la prensa, la falta de presencia en la agenda oficial, la rivalidad con su hermano, el heredero… Total tocata y fuga a Los Ángeles para reinar en Netflix, Spotify y la CNN.

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Sin embargo, el hombre más popular del año no pertenece a una familia de rancio abolengo, sino a la gran comunidad de la ciencia. Fernando Simón fue durante algunas semanas la encarnación viva de la credibilidad y el saber estar, hasta que nos dejó la cara de Tetris al fotografiarse en plan motero para una revista de fin de semana y hacer posturitas deportistas en un programa de televisión. Pasó de ser respetado como epidemiólogo y director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, a convertirse en un famoso de portada más.

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Una (@yeeeaahnetwork)

Kanye West, el rapero más inteligente y talentoso de la historia según su propia opinón lo tenía difícil para sorprendernos en este 2020, pero lo logró sobradamente. Diagnosticado de trastorno bipolar, no está claro que sus aires de grandeza se deban a esta enfermedad. Lo que sí está claro es que este año se ha convertido en líder de su propio culto religioso-musical y, sobre todo, en el candidato a la Presidencia de los Estados Unidos más inexplicable de la historia. No le votó casi nadie.

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Otro músico inclasificable se convirtió contra todo pronóstico en el personaje capaz de paralizar a medio país mientras confesaba sus distancias con su madre Se trata de Kiko Rivera Pantoja, un reguetonero asfixiado por las deudas y el parón del coronavirus que quiso explicarse a sí mismo y al país entero por qué su madre (Isabel Pantoja) no le echaba una mano con la economía familiar. Tanto tiró del hilo, que terminó resucitando la polémica sobre el testamento de Paquirri y dando alas a las viejas demandas de los Rivera. El culebrón continuará en 2021, pero en los tribunales.

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También en televisión se pudo ver una entrevista que jamás debió realizarse: la que dejó absolutamente en evidencia al príncipe Andrés, acusado por una mujer de abuso sexual cuando era menor, en un caso relacionado con la trama de tráfico de niñas orquestada por Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell. La periodista de la BBC Emily Maitlis recibió del príncipe respuestas poco concluyentes, que dejaban aún más dudas sobre la auténtica conducta del supuestamente culpable. Los expertos en casas reales sí fueron concluyentes: fue un error enorme ofrecerse a las cámaras.

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Un (@miguelbose_official.0)

Otro error sin parangón que nos dejó en shock: la serie de vídeos en los que Miguel Bosé se hizo eco de algunas de las teorías de la conspiración sobre las vacunas y el coronavirus más cochambrosas de la web. Media España se preguntó cómo es posible que personas con acceso a la información y formación suficiente pudieran llevar su espíritu crítico a la más absurda irracionalidad y, lo peor, usar su popularidad para convencer a miles de incautos de caer en la misma desmesura.

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Otro gran divo de la canción ligera que no estuvo a la altura de su reputación fue Alejandro Sanz, otro señor cincuentón que reverdeció junto a una veinteañera (la artista cubana Rachel Valdés tenía 29 cuando se conocieron). Trascendió que el cantante quiso ponerle las cosas económicamente difíciles a su ex, Raquel Perera, madre de sus hijos Alma y Dylan. Durante más de un año, Sanz se negó a acordar el fin de la pareja y el mantenimiento de sus hijos, hasta que ella comenzó a hablar de la situación en la prensa. Entonces todo se aceleró y en cuestión de semanas se acordaron las condiciones, que incluyen el pago de un millón de euros a Perera.

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La verdad es que 2020 ha sido un año pródigo en ejemplos con famoso incluido que muestran cómo han cambiado las reglas de lo socialmente aceptable en el siglo XXI. Además de Miguel Bosé, gracias a Pelayo Díaz, antes Prince Pelayo (otro príncipe), constatamos que cada vez gusta menos la falta de sensibilidad y el vacío del consumo por el consumo. El influencer quería un perrito de marca y se lo compró online. Llegó en un paquete express a su casa, como si fuera un jersey. Con la de perros abandonados que esperan dueño en las protectoras. Con este vacío ético y estético, Díaz le dio un vuelco a su carrera: se convirtió en influencer en negativo.

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